En Cali, son diagnosticados 141 menores de edad con cáncer cada año.

Un ángel sin alas

    viernes 3 de marzo, 2017

    -Ve Nano, ¿cómo salió Michael?
    – Quedó en cuidados intensivos, vamos a ver –respondió.
    – Pero, ¿cómo lo ves?- repliqué.

    Con la mirada perdida, cabizbajo, pensativo y absorto me dijo un “no sé”, que me quedaría retumbando en los oídos desde ese momento hasta ahora. Un “no sé” mentiroso, pues él sí sabía, él lo tenía más que claro, pero la esperanza es lo último que se pierde.

    Los días de Luis Hernán comienzan a eso de las cuatro de la mañana, pues debe desplazarse desde el barrio Ciudad Córdoba hasta el Hospital Universitario del Valle, en el cual se desempeña como radio oncólogo de la Unidad de Cáncer. Su especialidad y su razón de ejercer esta labor, son los niños.

    A pesar de la precaria situación del HUV, Nano, como es conocido desde que era un púbero, no se amilana pues sabe que su trabajo es más importante que cualquier salario. Ya le adeudan más de cinco meses de sueldo y esta cifra va en aumento, pues la crisis del hospital continúa.

    Con un lento andar, su maletín al hombro y los        zapatos azules, desgastados de tanto caminar, ‘Nano’ es el encargado de abrir la puerta y poner las máquinas en funcionamiento pues es el primero en arribar al trabajo. Prende su computador y comienza a ‘pintar’, que no es más que delimitar con colores las zonas del cuerpo de los pacientes que serán irradiados ese día.

    Uno de ellos es Michael, un pequeño de once años. Los rasgos finos de su rostro, nariz respingada, labios pequeños y un par de cicatrices en la ceja izquierda que se hizo jugando fútbol -su pasión y tema de conversación cada vez que cruzábamos palabras- muestran, a simple vista, a un niño común y corriente.

    Escuálido y frágil, cojo de la pierna izquierda, con un brazo recogido levemente, se ven las secuelas del agresivo cáncer de cerebro.  Como trofeo y marcas de batalla, exhibe las cicatrices en su cabeza, sinónimo de cuatro intervenciones, hechas con el afán de extirpar el tumor que día a día pone en riesgo la vida de este guerrero.

    En Cali, cada año son diagnosticados alrededor de 140 menores de edad con cáncer. El tipo más común es la leucemia, que afecta al 41% de ellos; le siguen el cerebral, con el 21% y los tumores del sistema nervioso central, con el 19%.

    Del total de los infantes enfermos, solamente el 30% viven en Cali. El 70% vienen de la periferia, es decir de municipios del Valle, Cauca, Nariño, Chocó y el Eje Cafetero, lo que dificulta aún más el tratamiento y, sobre todo, la labor de quienes los atienden.

    Uno de esos casos era el de Michael, oriundo del municipio de Florida. Cuando llegaba Michael con Nancy, su mamá, a la sala de espera del hospital Evaristo García, los veía con unas maletas grandes, los zapatos un poco embarrados y cayéndose de las sillas por el sueño.

    A ella, quien es  madre soltera, le tocaba cuidar al niño y además hacerse cargo de sus otros dos hijos. Al calor de unas empanadas con tinto, me contó cómo era el tratamiento: se levantaba a eso de las tres de la mañana, hacía el desayuno para sus tres muchachos, dejaba listo el uniforme del colegio y la lonchera a los dos mayores. Después, levantaba a Michael y lo ayudaba a ducharlo, pues un golpe en la cabeza aunque, fuera leve, terminaría instantáneamente con su vida.

    A las 4:40 a.m. salía con su hijo, abordaba una guala desde su vereda en Florida hasta el parque municipal, ahí abordaban un bus hasta Cali, que después de hora y media de recorrido la dejaba en Alfonso López, donde tomaban un MIO hasta el HUV, una travesía larga y costosa.

    La entidad prestadora de salud de Michael es Cafesalud, que atiende a más de doscientos menores que sufren de esta enfermedad. Hoy, estos niños están en vilo, por la crisis que afronta esta EPS y muchos mueren esperando su tratamiento.

    En Cali solamente treinta de cada cien niños gana su lucha contra el cáncer, Michael ahora hace parte de los otros setenta, aquellos que no pudieron vencer la enfermedad y que ahora son una estadística que adorna informes como los del Observatorio Interinstitucional de Cáncer Infantil.

    Como esta historia hay muchas más, en las que el protagonista sigue siendo Nano, que no descansa en su misión de poder salvar las vidas de los niños que llegan a su unidad. A Michael, esté donde esté gracias por lo que me enseñó, aprendí a disfrutar la vida a cada minuto con la mejor de las energías, pues en cuestión de horas todo puede cambiar y los que están hoy, mañana faltarán.
    Nos veremos viejo Maik.

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