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Las redes sociales redefinen la relación entre artistas y audiencias jóvenes
Por estos días, el lanzamiento de Berghain volvió a poner a Rosalía en el centro de la conversación cultural en América Latina. Pero más allá del impacto inmediato en tendencias, el fenómeno revela algo más profundo: las audiencias jóvenes ya no se conforman con consumir contenido; quieren descifrarlo, explorarlo y participar activamente en su construcción.
Muchos artistas buscan coherencia en su personaje público, Rosalía elige transformarse. De la rebeldía hiperactiva de Motomami a un universo introspectivo, simbólico y cargado de referencias religiosas, la cantante propone un cambio de lenguaje que apuesta por la incertidumbre como herramienta de conexión.
Su estrategia no es la predictibilidad, sino el misterio: hacer del descubrimiento colectivo un nuevo valor cultural.
La respuesta fue inmediata.
En cuestión de horas, las redes se poblaron de teorías, interpretaciones, análisis de planos y traducciones de fragmentos de la letra.
Cuentas de fans se convirtieron en espacios de debate semiótico, donde cada símbolo o referencia despertaba una ola de curiosidad.
Esa efervescencia confirma una tendencia en crecimiento: la curiosidad como motor de interacción entre artistas y audiencias.
De acuerdo con el estudio global Truth About Youth, las nuevas generaciones valoran tanto el proceso de búsqueda como la respuesta final.
Hoy la información está a un clic, lo valioso vuelve a ser el camino, no solo el dato. Las experiencias que invitan a investigar, debatir e interpretar desplazan al consumo pasivo y consolidan una nueva forma de comunidad cultural.
En paralelo, Berghain reactiva un eje simbólico que gana visibilidad en la cultura contemporánea: el regreso de lo clásico y lo religioso, no como dogma, sino como estética, lenguaje identitario y vehículo emocional.
La reaparición de símbolos espirituales en la música, la moda o las redes sociales refleja un movimiento que explora lo tradicional como forma de diferenciación en una era dominada por la tecnología.
Hoy, lo disruptivo ya no es romper con todo lo anterior, sino navegar entre mundos aparentemente opuestos: lo místico y lo digital, lo clásico y lo experimental, lo íntimo y lo global.
En ese cruce, Berghain se vuelve más que un lanzamiento musical: es un síntoma de época. Los artistas operan como arquitectos de universos y las audiencias como arqueólogos culturales.
“Rosalía no propone solo canciones. Propone capas, símbolos y preguntas. En un momento donde el algoritmo promete respuestas automáticas, ofrecer misterio es un acto profundamente contemporáneo”, afirma Dardo J. Mamberti, director de estrategia y planificación de McCann Buenos Aires, quien ha seguido de cerca la evolución del comportamiento juvenil en la región.
Una tendencia clara se consolida: la relevancia cultural ya no se obtiene explicando, sino invitando a participar.
En ese sentido, artistas como Rosalía dejan de ser simples creadoras de contenido para convertirse en catalizadoras de conversación, sentido y comunidad. Un espejo de cómo las redes sociales, lejos de agotar el arte, están redefiniendo la forma en que lo descubrimos.