Proyecto comunitario que hoy reúne a cerca de 50 niños
La iniciativa de Marlen Inés Klinger Hurtado que combina fútbol, actividades culturales y acompañamiento para adolescentes en Aguablanca
La recuperación de un escenario comunitario llevó a Marlen Inés Klinger Hurtado a impulsar actividades deportivas, culturales y recreativas con cerca de 50 niños y adolescentes de la comuna 14 de Cali.
Su siguiente meta es consolidar una fundación y fortalecer proyectos de cine comunitario y memoria barrial.
Los niños lo decían con naturalidad. Mientras participaban en algunas de las actividades organizadas en el barrio, comentaban que el parque donde jugaban y se reunían era una zona peligrosa.
La frase no provenía de un diagnóstico institucional ni de una reunión comunitaria.
Era la percepción de quienes crecían alrededor de ese espacio y lo transitaban a diario.
Para Marlen Inés Klinger Hurtado, esas palabras se convirtieron en una alerta sobre la forma en que los más pequeños estaban entendiendo su entorno.
“Ellos decían que el parque era una zona peligrosa“, recordó durante la entrevista.
Caleña y habitante desde hace más de 30 años del Distrito de Aguablanca, específicamente del barrio Alfonso Yararce, en la comuna 14, Marlen creció viendo cómo la cultura hacía parte de la cotidianidad del sector.
Recuerda presentaciones folclóricas, celebraciones barriales y actividades organizadas alrededor de un escenario comunitario que, durante años, reunió a vecinos y familias.
Con el paso del tiempo, varias de las personas que lideraban esos procesos murieron o dejaron de participar y el espacio fue perdiendo protagonismo.
“Soy caleña. Vivo hace más de 30 años aquí en el distrito de Aguablanca, especialmente en la comuna 14“, contó.
El escenario que volvió a llenarse de gente
La primera intención de Marlen no fue crear un proyecto social. Tampoco pensó en fundaciones ni en programas para la niñez.
Su idea era mucho más sencilla: volver a pintar el escenario que permanecía deteriorado y prácticamente abandonado.
Habló con una vecina, consiguieron pintura y comenzaron a organizar una jornada comunitaria.
La respuesta llegó desde quienes menos esperaba: los niños del barrio fueron los primeros en tomar las brochas y participar en la recuperación del lugar.
“Los niños fueron los que nos ayudaron a pintar“, relató sobre aquella actividad que cambió el rumbo de sus días.
Más adelante, la Secretaría de Seguridad y Justicia aportó materiales para continuar el trabajo. El escenario recuperó color y volvió a convertirse en un espacio visible dentro del barrio.
Después llegaron nuevas jornadas de pintura, actividades con vecinos y encuentros que comenzaron a convocar a más personas.
Sin proponérselo, Marlen empezó a asumir un rol de articulación entre instituciones, familias y comunidad.
Ese proceso coincidió con una preocupación que venía creciendo. Desde su vivienda, ubicada frente a un parque, observaba situaciones relacionadas con el consumo de sustancias que hacían parte del paisaje cotidiano.
Su inquietud no radicaba únicamente en la presencia de esas dinámicas, sino en que los niños empezaran a considerarlas normales.
El fútbol apareció por iniciativa de los mismos niños
El deporte llegó sin haber sido planeado. El hermano de Marlen entrenaba a sus sobrinos durante sus tiempos libres y otros niños comenzaron a acercarse para preguntarle si también podían participar.
La demanda creció rápidamente, pero apareció una limitación evidente: no existían recursos para contratar un entrenador.
La respuesta fue tocar puertas. Marlen contactó entidades hasta lograr que se asignara un monitor deportivo para acompañar los entrenamientos.
Desde entonces asumió tareas de coordinación, sirviendo de puente entre el profesor, los participantes y sus familias.
“Aproximadamente tenemos 50“, explicó al referirse al número actual de niños y adolescentes vinculados al proceso.
El funcionamiento del grupo ha requerido adaptaciones permanentes. Los participantes cambian con el paso del tiempo: algunos permanecen durante años y otros solo asisten por temporadas.
Los horarios se distribuyen según las edades y las posibilidades del profesor. Marlen aclara que el propósito nunca ha sido formar futbolistas profesionales.
El énfasis ha estado en ofrecer alternativas recreativas para ocupar el tiempo libre y fortalecer vínculos comunitarios.
Las madres han tenido un papel importante dentro del proceso. Son ellas quienes, según cuenta, suelen acompañar con mayor frecuencia las actividades, asistir a reuniones y respaldar las iniciativas dirigidas a sus hijos.
Mucho más que entrenamientos
Con el paso de los años, las actividades se ampliaron. El grupo comenzó a visitar bibliotecas, participar en talleres y recorrer algunos lugares emblemáticos de Cali.
También realizaron jornadas de pintura de juegos tradicionales y encuentros enfocados en el reconocimiento de emociones con apoyo de entidades institucionales.
En diciembre organizaron una actividad denominada “Cambio de ritmo“, concebida como un festival en el que hubo juegos y presentaciones artísticas.
La intención era que la experiencia de los participantes no se redujera exclusivamente al fútbol y que encontraran otras formas de acercarse a la cultura y al uso del espacio público.
Uno de los momentos más difíciles ocurrió cuando algunos integrantes del grupo informaron sobre situaciones relacionadas con el consumo de vapeadores entre adolescentes.
La reacción incluyó conversaciones colectivas, envío de información sobre las consecuencias asociadas a estas prácticas y acercamientos con las familias para mantener seguimiento.
“Ese es mi mayor logro: que estén separados de las drogas en este momento“, afirmó.
Marlen reconoce que muchos procesos son transitorios y que resulta difícil medir cuántos niños han pasado por las actividades durante estos años.
Sin embargo, asegura que ha visto cómo algunos adolescentes continúan estudiando y participan en otros espacios recreativos o deportivos.
Pensar en los adolescentes y proyectar el futuro
Uno de los temas que más le preocupa es la falta de continuidad para quienes superan ciertas edades.
Explica que muchos programas están dirigidos a niños pequeños y dejan pocos espacios para adolescentes que requieren acompañamiento constante.
Por eso insiste en la necesidad de generar propuestas pensadas para quienes tienen entre 13 y 23 años. Su intención es evitar que, una vez terminan determinadas etapas, queden sin actividades y se desvinculen de procesos comunitarios.
Sostener el trabajo tampoco ha sido sencillo desde el punto de vista económico. Gran parte de las actividades se han realizado con aportes propios, contribuciones de vecinos y apoyos voluntarios de algunas familias.
“Al principio uno empieza colocando plata de sus mismos recursos“, expresó al recordar cómo lograban financiar salidas y encuentros.
Ahora quiere dar un paso diferente. Entre sus planes está la creación de una fundación que permita organizar mejor el trabajo desarrollado hasta ahora.
También proyecta un museo comunitario para rescatar las memorias del barrio y fortalecer actividades de cine al aire libre utilizando el escenario que ayudó a recuperar años atrás.
A ese proyecto de cine comunitario se suma una necesidad puntual. Marlen contó que busca conseguir una crispetera de ocho onzas para ofrecer crispetas durante las proyecciones y generar recursos que ayuden a cubrir algunos gastos asociados a las actividades.
La idea, explicó, es que las jornadas puedan tener un componente de sostenibilidad sin que el peso económico recaiga únicamente sobre quienes organizan el proceso.
También manifestó que requiere orientación para aprender a formular proyectos y conocer qué convocatorias o entidades pueden respaldar iniciativas comunitarias.
“Ahora hay muchos proyectos, entonces en dónde puedo empezar a tocar puertas para meterle algún proyecto, no sé. Y ir viendo a ver qué sale, porque realmente ya quiero que sea más estructurado la cosa y que se vea más organizado lo que estamos haciendo por los pelados“, expresó.
Para ello busca asesoría que le permita acceder a convocatorias y estructurar proyectos que hagan sostenible la iniciativa.
“Ya quiero que sea más estructurado y que se vea más organizado lo que estamos haciendo por los pelados“, expresó.
Mientras esos planes avanzan, el escenario continúa siendo un punto de encuentro para niños, adolescentes y familias de la comuna 14.
Allí donde antes había paredes deterioradas y poca actividad, hoy persiste una apuesta nacida desde la iniciativa vecinal.
Una historia construida con pintura, partidos recreativos, conversaciones con padres de familia y la convicción de que ofrecer alternativas también puede comenzar con una decisión cotidiana: abrir nuevamente un espacio para que otros quieran quedarse.
Quienes deseen conocer más sobre el proceso que lidera Marlen Inés Klinger Hurtado, aportar ideas para la consolidación de la fundación, brindar asesoría en formulación de proyectos o apoyar iniciativas como el cine comunitario y la adquisición de la crispetera para las funciones al aire libre, pueden comunicarse directamente con ella a través del número de contacto 3205113330 y en Instagram como @cambiaturitmo93 o @cine_es_telar.