Cada día más personas se adentran en entornos naturales para registrar con sus lentes la vida animal

El diario de un fotógrafo al final de la Cordillera Occidental

viernes 22 de enero, 2021

“Cada viaje a un lugar desconocido es también un viaje a mi interior”

Daniel Pineda

Por: Daniel Pineda Fotógrafo
Especial Diario Occidente

Una casualidad afortunada me puso rumbo a Santa Cecilia, un corregimiento de Pueblo Rico ubicado en el departamento de Risaralda.

El viernes 26 de Julio de 2019 empezó esta travesía que buscaba fotografiar primates y a la que fui convocado por Neo Tropical Primate Conservation (NPC), entidad no gubernamental británica que fomenta la conservación de los primates y sus hábitats en Suramérica y Centroamérica.

Para ese día vi por primera vez a Alma Hernández, experta en bosques y encargada para Colombia de esta organización, cita que fluyó en medio de la marcha que rechazaba los homicidios de líderes sociales.

Me entusiasmé porque anhelaba conocer la selva y registrar con la cámara todo lo que ella contaba.

Dos semanas después, en agosto, Alma enviaba un listado de elementos para llevar al Bosque y formularios por llenar, firmar y enviar. Con fecha clara de viaje mi entusiasmo crecía sin imaginar todo lo que iba a vivir después.

Viajamos por tierra desde Bogotá. De Manizales salimos a Pereira y de allí a Santa Cecilia, no conocía esa región y a pesar del regular estado del camino, disfrute la vista.

Santa Cecilia nos recibió al medio día del 9 de agosto con calor, humedad y la plaza principal llena de indígenas Emberas de todas las edades.

Durante el almuerzo fui conociendo algunos líderes chocoanos quienes darían una charla en el consejo comunitario de Santa Cecilia.

Esa tarde fuimos al río Gitó, a la casa de Aníbal y Mary, habitantes de Santa Cecilia. El trayecto de ida lo hicimos en “chocho” una moto de tres llantas que lleva en la parte de atrás los pasajeros o la carga, fue divertido.

Me sorprendió la exuberancia del lugar. Se trata de una pequeña parcela, balneario y hostal, a orillas del río en medio de la selva y cerca de la carretera. Fluyó camaradería.

Josefina compartió con Mary su visión de emprendimiento y surgió el tema de cómo fue ”ombligada“ práctica ancestral de algunas comunidades negras asentadas en el Pacífico colombiano que consiste en enterrar el cordón umbilical es decir “el ombligo” del recién nacido, dando así inicio al proceso de socialización y pertenencia al territorio desde lo físico y lo simbólico, un espacio de liberación que configuran los mundos afropacíficos.

Las anécdotas que oí son interesantes, buenas historias. Vi por primera vez un nido y cría de colibrí. También una ranita diminuta mimetizada de forma impecable.

Allí se nos unió Antonia, antropóloga que hace parte de NPC, con ella conversamos sobre nuestras profesiones y los trabajo hechos en otras regiones.

Una historia marcada por la violencia
Santa Cecilia es un corregimiento en el cual el conflicto generó dificultades a sus habitantes. Afectó a los afros, a los indígenas y a los mestizos. Hay un mural que da cuenta de la memoria del corregimiento.

Al final del día llegaron Felipe y Edwin, líderes sociales, que venían de Tutunendo, corregimiento de Quibdó (Chocó). Se dio una charla informal en la que oí sus anécdotas, cuando llegó el turno de Jackson sentí tristeza por la aguda situación de violencia que narró.

Hay todo un país que creemos conocer porque las noticias nos cuentan una versión, pero los testimonios que oí son una realidad enorme y decepcionante, me cuesta creer que la ambición motive a las personas a usar las armas para usufructuarse y que en esa dinámica la niñez sea víctima. Pero también Jackson me contó de otras facetas de su municipio y se mostró optimista.

Mucha gente en Santa Cecilia sonríe a pesar de lo duro que es el presente y las huellas que les dejo el pasado. Pienso que el territorio que empiezo a conocer es complejo.

Al segundo día, el sábado 10, nos dirigimos a un colegio donde se celebró un consejo comunitario. Es interesante que la gente se reúna, participe y debata.

Empezó mi trabajo y procuré comprender lo que significa ese evento a través de cada imagen que registro. Después del evento cruzamos un puente y a orillas de un río volvimos a compartir un rato ameno de oció. Oí decir que los chocoanos son gente de río, de mar y de selva y les creo, disfrutan de los ríos así se encuentren en Risaralda.

El domingo 11 de agosto nos fuimos a Guarato, frontera entre Risaralda y Chocó, en compañía de Blas Cárdenas, un guía local. Allí recorrimos el borde de un pequeño río. Don Blas me cayó muy bien y me fascinó la cantidad de anécdotas que ha vivido a lo largo de su vida.

Una de las razones por las cuales estudié cine y fotografía fue el interés por varias áreas del conocimiento y mi oficio permite y requiere aprender de todo un poco porque eso se ve reflejado en cada imagen que logro.

Hice muchas preguntas y en este viaje me han dado las respuestas y estoy agradecido por ello. También por interactuar con personas interesantes. Arley, su hija, el almuerzo y el baño de rio en Gitó, fueron momentos enriquecedores porque es otra manera de recorrer el territorio e interactuar con el entorno.

Las cámaras trampa
Llegó el momento que estaba esperando. Caminar selva adentro y tomar fotos. La caminata fue exigente y agradable por la cantidad de observaciones que hice y la charla con Don Blas que guía el recorrido.

Estuve contento porque se trató de entrar en un universo desconocido para mí, me sentí privilegiado y abrumado por la belleza del lugar y la humedad.

Dimos con la ubicación de la primera cámara trampa, dispositivo que permite registrar imágenes, que se activa con el movimiento y que suele resistir las condiciones del clima, aunque lo agreste del lugar desafiaba ese concepto.

Las cámaras fueron ubicadas en el dosel. Es el lugar favorito de varias especies que tienen hábitos arborícolas, como es el caso de los primates. El dosel está formado por ramas y sus hojas de diferentes árboles que se superponen entre sí.

Para observar la diversidad de animales en el dosel medio, un grupo de investigadores instaló allí las cámaras trampa. Ubicar cada cámara requiere cruzar ríos y caminar durante horas por trochas enlodadas, escuchando y observando la exuberancia del bosque húmedo tropical.

Este proceso hace parte del proyecto liderado por NPC Colombia y Asoafa (Asociación de amigos de la fauna y la flora de Alto Amurrupá), que busca inventariar los primates que existen en esta área, ya que gracias a ellos los bosques reverdecen y se renuevan en diferentes periodos de tiempo debido a que en su proceso de alimentación esparcen semillas de los árboles por el bosque, proceso que ninguna otra especie animal logra hacer en esta zona de Colombia.

Con las cámaras trampa se ha logrado registrar la presencia de las especies de primates más amenazadas del mundo, como el mono araña negro, el mono aullador negro y el mono cariblanco. Todos estos registros ayudan a consolidar las acciones para conservar la biodiversidad de la zona que une el Eje Cafetero con el Chocó.

Tubos de PVC y cuerdas permiten instalar de una forma más sencilla las cámaras trampa, a través del sistema Orión, el cual fue creado para estos tipos de seguimiento y observación en sitios de difícil acceso para las personas, pero comunes para la fauna del lugar. Método diseñado por el panameño Pedro Méndez para instalar cámaras digitales y automáticas en las ramas del dosel medio para el estudio de primates y otros mamíferos.

En algunas épocas las cámaras tienen registros de mejor calidad. En época de mucho viento y mucha lluvia, los registros de animales son menos frecuentes y es más común que las cámaras se dañen con facilidad.

El bosque es un lugar agreste y sorprendente. Durante el recorrido para instalar y revisar las cámaras nos cruzamos con animales como la Serpiente “talla x” ranas, rastros de mamíferos, felinos e insectos.

La información de cada cámara se revisa, imagen por imagen buscando algún registro de cualquier animal (no solo de primates). Los datos son analizados primero por NPC Colombia y las identificaciones dudosas son apoyadas y revisadas por profesores y estudiantes de la Unisarc.

La lluvia y la niebla no permitieron ver primates en este viaje pero la intensidad de la experiencia y la belleza de la zona, además de la importancia del trabajo de NPC y ASOAFA, permiten conocer la biodiversidad de Santa Cecilia aunque muchas veces pase desapercibido en nuestra cotidianidad.

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