Trasplantes en el Caribe
Restauración de corales es una prioridad
Diversas instituciones se han unido para restaurar los arrecifes de coral en la costa Caribe colombiana.
El proyecto se viene adelantando en Isla Grande en el Parque Nacional Natural Corales del Rosario y San Bernardo en el departamento de Magdalena donde los corales son trasplantados para restaurar los arrecifes.
En la zona se realizó una jornada de trasplante de pólipos del coral cerebro (Diploria labyrithiformis), a partir de un stock de 5.099 larvas asentadas en el laboratorio y en piscinas en el medio, en la barrera arrecifal de Isla Grande.
El Parque Nacional Natural Corales del Rosario es uno de los pioneros en implementar acciones de restauración sexual y asexual de corales en Colombia.
Participación
Al respecto, Ximena Rojas, directora de Asuntos Marinos, Costeros y Recursos Acuáticos del Ministerio de Ambiente, resalta la importancia de las acciones adelantadas para la restauración de ecosistemas como los arrecifes de coral e invita a promover la participación de las mujeres, las niñas, las personas con identidades de género diversas, así como la población joven, los pueblos indígenas y las comunidades locales, las organizaciones de la sociedad civil, los sectores privados y financieros, y los interesados en la conservación de la biodiversidad del país.
Investigación
Por esta razón, esta jornada de trasplante de corales hace parte de la investigación ‘Ensayos de reproducción sexual y cría de larvas de coral para fomentar su reclutamiento controlado en arrecifes degradados’, iniciado en 2020, en el que los científicos lograron con éxito la reproducción sexual en laboratorio del coral cerebro.
Esta técnica complementa la restauración de arrecifes por medio de reproducción asexual llevada a cabo en guarderías de coral desarrolladas como parte del proyecto ‘Un millón de Corales por Colombia’, del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible con apoyo del Fondo Colombia en Paz, la ejecución de Conservación Internacional y otros aliados estratégicos como las Corporación Autónomas Regionales, Parques Nacionales, ONG, centros de investigación y las comunidades locales.
El proceso
Las técnicas de reproducción sexual contribuyen a la restauración arrecifal, a través de la propagación larval, a partir de recoger óvulos y esperma de los corales para fertilizarlos en laboratorio, criar las larvas hasta que alcancen el estado de pólipo para, finalmente, trasplantarlos en el mar, potenciando los esfuerzos para recuperar los ecosistemas coralinos.
“Trasplantar corales, producto de la reproducción sexual asistida, nos permite obtener una diversidad genética que no se logra con el trasplante de fragmentos o microfragmentos de coral. Con esta técnica se aumenta más rápidamente la reproducción de una especie coralina y cada uno de los individuos de esa población es genéticamente idéntico al individuo que se le extrajeron los fragmentos para criarlos y trasplantarlos. Esta situación hace más vulnerable a una colonia de corales a enfermedades u otros sucesos. En cambio, la restauración por reproducción sexual asistida produce individuos únicos genéticamente y en una colonia de corales esta diversidad puede ser una fortaleza para afrontar enfermedades y para su supervivencia misma”, explica Elvira Alvarado, de Ecomares.
Los avances
La reproducción y crianza de los pólipos de coral cerebro trasplantados comenzó el 16 de mayo pasado cuando, luego de una investigación de varios años que determinó el mes, el día y las horas exactas de la reproducción natural de la especie en el Parque Nacional Natural Corales del Rosario y San Bernardo, los investigadores recolectaron de las aguas de las islas los gametos que rápidamente fueron llevados al Oceanario Islas del Rosario.
Allí se inició el proceso de reproducción sexual asistida. A los pocos días, los embriones fueron trasladados a tanques en donde alcanzaron su estado de larvas. En la siguiente etapa, se colocaron sustratos para que ellas se asentaran y comenzaran su transformación en pólipos. Entre el 6 y 7 de junio, estos pequeños individuos, que no superan unos cuantos milímetros de tamaño, fueron contados y se marcaron sus sustratos para poderlos monitorear después de trasplantarlos a mar abierto.