Obediencia normas y autoridad
Dos hombres en Bogotá agreden con cuchillo a un policía quien intentaba evitar que ingresaran al Transmilenio sin cancelar su pasaje.
Un conjunto de motociclistas cierran la movilidad en el túnel del boulevard del rio Cali.
Una barra de fútbol pone en entredicho la realización de un encuentro entre dos equipos foráneos en Cali.
Un ciudadano cualquiera parquea sobre una señal de prohibido parquear; un ciclista pedalea sin inmutarse sobre un puente peatonal.
De mayor a menor, todas estas son acciones que prueban cómo hemos perdido el sentido de acatamiento a las normas y el respeto a toda imagen de autoridad.
Sobra advertir que todas estas prácticas son antesala de la ruina que nos espera como sociedad, solo basta revisar procesos históricos en otras latitudes que lo ratifican.
En la antigua Grecia valoraban su importancia porque: “La autoridad funge como el elemento indispensable para dirigir los destinos de los ciudadanos en beneficio de la comunidad”. El sociólogo Max Weber consideraba que la obediencia va unificada al concepto de poder y de dominación, pero hace hincapié que estos razonamientos tienen fundamentos legales, legítimos y éticos si persiguen resolver fines colectivos.
Ahora que en la ciudad pretendemos asumir acciones que requieren de acatamiento y control ¿Cuándo quienes nos lideran o quienes aplican y ejercen autoridad asumirán sus deberes imponiendo respeto al orden y la autoridad?
Reflexionar para buscar orígenes al caos e identificar culpables resulta fútil. Dada la magnitud del cuestionamiento, creo de mayor interés el aporte colectivo con pequeñas acciones para procurar revertir tan penosos y destructivos hábitos. Actuar o ignorar será la disyuntiva personal a resolver.