A elegir a los virtuosos
Este domingo hay renovación de las juntas de acción comunal y el deseo general es que vuelva a ser un movimiento, como hace medio siglo cuando surgió, verdadero instrumento de poder popular de las comunidades. A través del ejercicio de autogobierno popular entre vecinos, fue posible que en otrora se convirtiera en el germen de las demás formas de participación ciudadana.
Gracias a la organización, participación y presión de las juntas de acción comunal, las comunidades lograron sus servicios públicos, crecieron las ciudades y se pavimentaron las calles de los barrios. Pero los ciudadanos empezaron a desconfiar de sus líderes desde que las juntas comunales cayeron en la politiquería, el individualismo, la incomunicación, la deslealtad, la deshonestidad, el autoritarismo y la desidia.
Desde que la politiquería convirtió a varios de los líderes comunales en simples “carga ladrillos” de unos cuantos caciques politiqueros que les prometían ayudarlos a resolver sus necesidades, según la cantidad de votos que pusieran.
El individualismo camufló los intereses personales cuando los líderes comunales se postularon como directivos solamente para demostrar que podían influir entre sus vecinos. Muchas juntas directivas no volvieron a reunirse, ni convocaron asambleas de afiliados, propiciando la incomunicación, otro de los pecados capitales de la acción comunal.
Fueron desleales con la comunidad al degenerar con la deshonestidad, el autoritarismo y la desidia. Por eso es que este domingo se escogerán nuevas juntas de acción comunal, donde las comunidades elegirán esperanzadas de que tales siete pecados capitales sean relevados por siete virtudes comunales: liderazgo, compromiso, participación, transparencia, responsabilidad, autogestión y civismo.