Abelardo: Un fenómeno político

Miguel Yusty

Hoy estará en Cali el “Tigre” Abelardo de la Espriella. Presidirá durante el día y el fin de semana varios eventos.

Su presencia le llega a los caleños y a los vallecaucanos cuando ya se ha convertido, con todas las características requeridas, no en un outsider, sino en un verdadero fenómeno político.

Lo cierto es que ese proceso se inició hace casi dos años y ha sido elaborado con una eficiente preparación, haciendo realidad la cristalización del deseo de los colombianos de romper la continuación hegemónica del mal llamado “gobierno del cambio”, y que tiene como agente de permanencia la candidatura del hijo primogénito del comunismo soviético y de las FARC.

Abelardo de la Espriella, a quien yo conozco y con quien hablo de manera regular, es quizás el único vehículo que, desde la polarización, puede ponerle punto final a la agenda que encontrará en Cepeda el principio del fin de nuestra democracia.

Es interesante que los colombianos entiendan y que estén atentos de cada una de sus intervenciones que, como sucederá hoy en Cali en el hotel Spiwak, le ubicará a la coyuntura política el verdadero itinerario para privilegiar el rescate y la sobrevivencia de la libertad ante el ejercicio liquidacionista a que hemos estado sometidos los colombianos en este proceso del mal llamado “gobierno del cambio”.

Los procesos electorales en las democracias liberales siempre son y han sido polarizados y polarizantes; por esta razón es que la estructura de nuestro momento electoral establece que no es el momento para el llamado “centro”, sino el instante preciso para que el amor a la patria, encarnada en Abelardo, marque el punto de inflexión de iniciar la recuperación de los estándares que garanticen un rompimiento con el delirio populista de Petro y la ortodoxia comunista de Cepeda.

La candidatura de Abelardo es una respuesta a la fragmentación de la política, a la disolución de la unidad nacional y a los efectos desestabilizadores de la “Paz Total”, que no ha sido otra cosa sino posicionar a los ejércitos armados del narcotráfico en 600 municipios, estableciendo gobiernos criminales para así el petrismo asegurarse como lo hizo en las pasadas elecciones una votación bajo la impronta del fusil y la amenaza terrorista de los ejércitos armados del narcotráfico.

Digamos pues, que el espectro de la campaña identificada como la del “Tigre” irá copando espacios hasta que se haga realidad la consigna de que “todos los caminos conducen donde Abelardo” y que, definitivamente, los tahúres de la política, los pseudomoralistas de nuevo cuño refugiados en frágiles consultas, tendrán que, a partir del 8 de marzo, ir alinderándose —como acaba de acontecer en Antioquia— alrededor de las propuestas de Abelardo para, en la primera vuelta, noquear sin que se pueda levantar de la derrota al delirio liderado por Petro de convertir a Colombia en una réplica caricaturesca del comunismo soviético.

Todos debemos tener en cuenta que si este periodo que afortunadamente, va terminando en medio de las zozobras adictivas del presidente.

Abelardo derrotará seguramente a Cepeda en la primera vuelta, y si no es así en la segunda lo hará con mayor contundencia; pues él entiende que Petro es un aprendiz que formó parte de un grupo aventurero que como el M-19 que quiso replicar la aventura de la revolución Cubana, pues al lado de la ortodoxia comunista de Iván Cepeda Petro además de aprendiz es un aficionado.

Estoy seguro que hoy todo el norte de la ciudad estará congestionado, pues la concurrencia en el gran salón del hotel Spiwak rebasará todos los cálculos y todas las predicciones.

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miércoles 28 de enero, 2026

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