Aberraciones de mercado II
La semana pasada publiqué una nota calificando el salario de nuestros Honorables Parlamentarios, “HP”, como una falla de mercado consecuencia de la intervención del Estado en la fijación de su precio. La magnitud de este salario debería corresponder al de un mercado laboral de “alta gama” en la que la altísima calificación, productividad y escasez son norma.
Sin embargo, el salario de los “HP” no refleja su productividad, lo que contradice la regla económica que reza: “a mayor productividad, mayor salario”. Pero no sólo es esta ley económica la que se viola con la fijación por decreto de este salario; la de la oferta y demanda también, ya que en el mercado laboral de nuestros “HP” basta observar la inmensa cantidad de aspirantes para deducir que la oferta supera con creces a la demanda que es fija y determinada por el número de curules. Segunda falla en la fijación del salario de este mercado laboral particular.
Ya de por sí estas dos transgresiones a las leyes de la micro y macroeconomía son suficientes para que los amantes del libre mercado repudiemos la fijación por decreto de este salario, remuneración que ubica a sus beneficiarios en el pequeñísimo porcentaje que representa al percentil más alto de ingresos laborales de nuestro país.
Pero existe otra ley económica de corte ético que también se viola y que pretende reducir la desigualdad social a través de un sistema tributario progresivo: “el que más gana, más tributa”. Conclusión, en Colombia no sólo la justicia es para los de ruana sino también los de ruana son quienes le dan al césar lo que es del césar.