Adiós a Yeison Jiménez
Soy ignorante en lo que respecta a música popular; confundo artistas, canciones y estilos con frecuencia.
No lo digo con orgullo ni con vergüenza: sino como un hecho. Sin embargo, este fin de semana, a raíz de la muerte de Yeison Jiménez, la escuché atento.
El DJ de LadiesNight rindió un homenaje y me sorprendí preguntándole una y otra vez si tal o cual canción era de él.
Y lo era. Y otra más. Ahí comprendí: no hacía falta ser fan para reconocer la magnitud de su repertorio ni el lugar que su música ocupaba en la vida de muchos.
La música popular es una representación fiel de la cultura colombiana. En ella habitan la fiesta y el dolor, el amor y la traición, la alegría desbordada y la tristeza sin maquillaje.
Es la música de quienes celebran cuando pueden y lloran cuando toca; de quienes se ganan la vida como pueden; de quienes han aprendido a resistir en medio de un país donde la violencia, el miedo y la incertidumbre son pan de cada día.
Mientras sonaban sus canciones, vi a mujeres cantarlas a pulmón herido, brindar entre amigas, reír, recordar.
No estaban analizando letras ni arreglos musicales: estaban viviendo momentos. Ahí está la grandeza de este género que muchos desprecian desde una supuesta superioridad cultural: la música popular no pretende agradar a todos, solo contar lo que somos.
Yeison Jiménez murió joven. Su partida deja un vacío humano imposible de ignorar y un dolor para su familia y para quienes lo quisieron.
Pero como ocurre con los artistas que tocan fibras, su música no se fue con él… Seguirá sonando y acompañando noches, brindis y memorias.