Adiós, líder
“Hola, líder”.
Así saludaba Mario Fernando Prado. A mí me lo dijo muchas veces y sé que también era su manera particular de saludar a tantas personas que encontraba en el camino.
Hoy que Mario Fernando se ha ido, no encuentro una palabra mejor para despedirlo.
Adiós, líder.
Porque, aunque él nos llamaba líderes a muchos, Mario Fernando sí que fue un gran líder. Y, sobre todo, una gran persona.
Utilizó ese liderazgo de manera positiva: para construir, abrir puertas, ayudar a otros y trabajar durante buena parte de su vida por Cali y por el Valle.
Su trayectoria habla por sí sola. Durante más de cuatro décadas escribió en El País, también fue columnista de El Espectador, recibió en dos oportunidades el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, fundó Oye Cali y creó Mario Fernando Piano, ese programa tan suyo en el que mezclaba dos de sus grandes talentos: conversar y tocar el piano.
Pero creo que una hoja de vida, por extensa que sea, no alcanza a explicar quién fue Mario Fernando.
Yo prefiero recordarlo desde las pequeñas cosas.
Tuve el privilegio de que me invitara a Mario Fernando Piano. Para mí fue un honor sentarme allí, conversar con él y hacer parte, aunque fuera por una vez, de un programa por el que pasaron tantas personalidades y que llevaba su sello inconfundible.
También me abrió las puertas de Oye Cali en muchas ocasiones y me invitó a participar como colaborador y analista. Eso se lo agradeceré siempre.
Detrás de esos gestos había algo que caracterizaba a Mario Fernando: su generosidad para abrirles espacio a los demás.
También recuerdo con especial cariño cuando apareció mi nombre en una de sus columnas de El País.
En medio de una campaña electoral mencionó mi candidatura entre las nuevas opciones que buscaban representar al Valle.
Para algunos podría haber sido apenas un nombre dentro de una columna.
Para mí significó mucho que alguien con su trayectoria considerara que mi nombre merecía estar allí.
Y estaban, por supuesto, sus mensajes de WhatsApp.
Mario Fernando compartía sus columnas y también esos videos que terminaron convirtiéndose en un ritual para miles de personas: él sentado frente al piano interpretando una canción.
Durante la pandemia comenzó a compartirlas diariamente y terminó construyendo un repertorio de más de mil interpretaciones.
Alguna vez me habló con orgullo de aquellas enormes listas de difusión a través de las cuales sus canciones llegaban a miles de personas.
Ese era Mario Fernando. Siempre encontraba una forma de comunicarse, de estar presente, de compartir algo con los demás.
Y había algo que atravesaba buena parte de lo que hacía: quería profundamente a Cali.
No significaba guardar silencio frente a sus problemas. Mario Fernando criticaba, cuestionaba e incomodaba. Por algo durante años firmó también como “Sirirí”. Pero entendía que señalar lo que estaba mal no era incompatible con reconocer lo bueno que tenemos.
Por eso convirtió prácticamente en una consigna aquella frase con la que durante años terminó sus columnas:
“Yo hablo bien de Cali. ¡Hazlo tú también!”
En una ciudad y una región que demasiadas veces caen en el pesimismo, Mario Fernando entendió algo importante: querer una tierra también significa ayudar a construir su autoestima.
Por eso su legado va mucho más allá del periodista, el publicista, el abogado, el pianista o el columnista.
Está también en las personas que ayudó, en quienes tuvieron una oportunidad gracias a él, en las conversaciones que promovió y en esa permanente decisión de poner su talento al servicio de Cali y del Valle.
Yo soy uno de los muchos que tienen algo que agradecerle y tuve el placer de escuchar muchas de sus historias.
Hoy nuestra región pierde a un gran comunicador, pero sobre todo pierde a una gran persona y a un gran líder.
A su familia, a sus amigos y a todos sus seres queridos, mi abrazo y mis condolencias.
Y a usted, Mario Fernando, gracias por las conversaciones, por los espacios, por la confianza, por la música y por haber hablado bien de Cali durante tantos años.
Que Dios lo tenga en su gloria.
Y esta vez permítame devolverle aquel saludo que tantas veces recibí de usted:
Adiós, líder.
@edwinhmaldonado