Adiós Ramiro Girón
Ramiro Girón Tamayo, partió hacia la eternidad, dejando su legado educativo en las escuelas Ulpiano Lloreda, Cristina Serrano y Fray Domingo de Las Casas.
Ramiro me enseñó a leer hace 65 años en la vereda Terrón Colorado, llegaba de la tierra de los viñedos, su natal Municipio de La Unión.
En el pizarrón escribía letras perfectas, dibujaba retratos y trazaba mapas, como si mágicamente lo hiciera con un molde invisible.
Me enseñó hasta tercero de primaria y, quién lo creyera, me preparó como futuro ciudadano, le aprendí las funciones de los poderes: legislativo, ejecutivo y judicial.
En 1966 pidió traslado a la ciudad, primero al barrio Berlín y después a Calima. El destino, 16 años después, me permitió ser su colega en la Fray Domingo de Las Casas, tuve el honor de homenajearle cuando se jubiló en 1982.
Los vecinos de Calima durante cuatro décadas lo vieron pasar pensionado, vital y lúcido, con sus noventa y cinco años, sin desgaste, casi igual a cuando llegó con los demás fundadores del barrio.
Pero hace una semana, un paso en falso sobre un andén de la 64, finiquitó su longevidad. Muchas generaciones, ahora ya profesionales, con gratitud lo recordaremos.
Quiero por tercera vez, lo hice en 1964 cuando se trasladó de la vereda, lo repetí en 1982 cuando se jubiló y lo hago ahora en su partida hacia la eternidad, dedicarle el mismo poema que de niño, me enseñó mi madre para declamárselo: “Adiós mi buen maestro/ dejas en mi recuerdo tu voz/ que me conducirá por el bien / y me evitará el mal mundano“.