Agendas distintas

Fabio Ariel Cardozo

Los colombianos aspiramos que con la firma de los acuerdos de La Habana logremos por fin  definir una agenda social, democrática, a favor de los más pobres. Este sería el semblante del posconflicto, el de la paz; de ahí la importancia de su empeño, la idea es cobrar todo este sacrificio con más democracia, con mayor crecimiento económico, de lo contrario, sería simplemente una botadera de corriente, pero de consecuencias insospechadas.

Sin embargo, no a todos les animan estos  ideales, en especial en lo relacionado con  lo económico, ámbito en donde rápidamente unas élites se ponen de acuerdo para expoliar la riqueza nacional, asimilando el crecimiento económico del país con los estados financieros de sus compañías o simplemente con la robustez de sus cuentas bancarias, como ocurrió con la guerra paramilitar, promovida y capitalizada a favor de despiadados finqueros.

De otra parte, qué sería de la suerte de algunas áreas de importancia ambiental y estratégica para el futuro de nuestras generaciones, de no ser por la presencia valerosa y patriótica de nuestros indígenas (Corinto) y campesinos (altillanura) que asumen su defensa, asumida en no pocas veces contra los designios del Estado y la presión inclemente de los grupos delincuenciales que le compiten en depredación con muchos “empresarios de bien”.

No deja de preocupar que la decisión de habilitar el campo, sometido a lustros de violencia, para desarrollar toda una política de desarrollo rural se convierta en pretexto para acabar con nuestros páramos, fortalezas ambientales, culturales y la enloquecida locomotora minera que lleva a bordo a legales e ilegales acaben con Colombia, como viene ocurriendo en Perú.

Al campo de Colombia tenemos que brindarle la semilla de la paz, de lo contrarío florecerá un nuevo ciclo de violencia.

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    jueves 5 de marzo, 2015

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