¡Ah, política, carajo!
Alguien dijo que “la política es el arte de servir”, pero, caramba, lo que estamos viendo en Colombia es terrible.
O no es pavoroso que un congresista se gane 43 millones mensuales, además de lo que les reconocen por sus UTL (derecho a nombrar sus acólitos para que les carguen la maleta, estén pendientes de sus sándwiches en sesiones plenarias o comisiones, les lleven la ropa a lavandería, etc.) más pasajes de ida y vuelta en avión.
Eso entristece, sobre todo porque sabemos que en ese medio hay mucho lerdo (impreparados), gente que jamás tuvo la iniciativa de ser emprendedor y cuyo propósito fundamental es el de enriquecerse en el corto plazo, sin sudar y sin pensar.
Muchos conocemos a otros muchos que de estrato dos o tres pasaron, inexplicablemente, a seis o siete.
Dirán que es envidia, claro.
A quién no le da envidia que algunos, a punta de lengua y de eso que llaman carisma, así tengan humo en el cerebro, tengan tanto éxito sin que la Dian y los organismos de control investiguen de adónde obtienen tanto éxito económico.
Los partidos tradicionales a punto de desaparecer, los del Verde, entraron a ese redil de la mentira y, los del pacto patriótico, felices, viviendo la coyuntura.
Como nunca tuvieron burocracia ni manejaban contratación, pues ahora andan como niños en un circo.
Pero bueno, allá ellos y quienes votan por ellos, a sabiendas que los que pierden son los territorios, su desarrollo y bienestar.
Me limito a recordar al escritor Marco Aurelio Almazán cuando dijo: “La política es el arte de impedir que la gente se meta en lo que sí le importa.”
En buenaventura 15 líderes liberales renunciaron a su partido, molestos porque le dieron el aval para alcalde a quién no querían y, en Cali, conocidos líderes del conservatismo, se molestaron porque desconocieron sus opiniones y, el aval para alcalde de Cali y gobernador del Valle se los entregaron a personajes de otros partidos.
Se formó Troya.
Tal parece entonces, que esos avales van a hacer más daño que bien y, las bases de ambas colectividades, como protesta y castigo, se fueron para las cacampañas del “Chontico” y de don Tulio.
Tremendo berenjenal.
Hoy veo como mi partido azul perdió el norte, lo veo desaparecido del mapa, con Álvaro Gómez Hurtado y Gilberto Alzate Avendaño, revolcándose en sus tumbas.