Al mejor postor

Hugo E. Gamboa Cabrera

Uno de los hechos que más molesta, aturde, fastidia, es lo que hacen algunos políticos al vender su “votación” a personajillos que quieren llegar al Congreso, sin ser oriundos ni residir en las regiones en las que aspiran a “robarse” unos votos a cambio de unos cuantos milloncitos. Eso se volvió “normal” de un tiempo para acá desde que para ser senador se puede realizar campaña política en todo el territorio colombiano, medida loable siempre y cuando los que desean esas curules se comprometan con las regiones que los elige. Pero sucede lo contrario. Compran los votos, se eligen y aquellos territorios que votaron tontamente, no vuelven a verle la cara a los elegidos ni exigir pequeñas o grandes obras porque los “agraciados” se hacen los vende jabón.

Pero lo que más duele es que esos aspirantes llegan a regiones que no son suyas y encuentran idiotas útiles, llevados por los caciques que recibieron el billete, para que aplaudan y griten vivas a quién poco conocen. Claro, regularmente quienes viven de esa típica actitud deshonesta de la política, casi siempre son concejales o diputados dispuestos a lo que sea, como el de vender su conciencia para aprobarle a los gobernantes regionales o locales, proyectos, presupuestos o reformas, a cambio, igualmente, del billetico que según esos políticos, le cae bien a sus bolsillos.

Por eso es que la corrupción en Colombia no es fácil desarraigarla, salvo que ocurra lo que se practica en conocido país asiático pero, también, mientras haya compatriotas con limitaciones cerebrales que comen cuento fácilmente para después andar quejándose contra los gobiernos de turno.

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domingo 21 de noviembre, 2021

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