Alienación

Rodrigo Fernández Chois

He aquí una palabreja extraña que ingresó a mi vocabulario cuando cursé la materia de economía política hace ya muchos años.

Fue en dicha asignatura que comprobé que el libro El Capital, de Carlos Marx, tenía otro uso aparte de evitar que la puerta de mi habitación la cerrara el viento. Descubrí en ese mamotreto la palabreja “alienación” y una definición especial que rezaba algo así como que los trabajadores no son dueños de sí mismos sino esclavos del capitalismo que los emplea.

Pero entonces resultó que la palabreja tenía otro distintivo que también descubriría en ese mismo semestre al cursar una materia “costura” de la facultad de psicología.

La nueva definición era algo así como la de la psicosis con la diferencia de que la distorsión de la realidad de los alienados no es consecuencia de sus propias mentes -como sí lo es para caso de los sicóticos- sino producida por influencias externas.

Casualmente en ese tiempo un amigo tenía un desgraciado empleo: el de introducirse en un muñeco y ser la mascota de no sé qué institución. Mi infeliz amigo era para mí “el paradigma viviente” de la alienación económica y psicológica al unísono.

Así lo tuve en mi memoria durante más de veinte años y creí que tal estado era cosa superada. Pero hace un par de semanas vi a un grupo de ridículos chiflados en plena calle y a pleno sol saltando, bailando y gritando. Al detallarlos descubrí que eran empleados de una empresa que vende pisos.

Con infinita lástima observé entre ellos a un pobre gordo que tenía la camiseta de la empresa bien puesta pero empapada como consecuencia de haber seguido en forma obligada la endiablada rutina que había impuesto su patrono. Conclusión de año nuevo: las cosas de Marx, entre ellas la de la alienación, siguen y seguirán vigentes per secula seculorum.

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    miércoles 21 de enero, 2015

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