Alumbrar o no

Bonito pero pobre resultó el alumbrado navideño de la capital del Valle. No podemos desconocer el esfuerzo que hizo la empresa privada para sacar adelante el proyecto. Tampoco podemos perder de vista que para cristalizar este tipo de iniciativas se requiere no solo dinero sino también tiempo. Lo logrado es casi un milagro si se tiene en cuenta que solo en octubre la Alcaldía anunció la decisión de no realizar el alumbrado y empezó a convocar a las empresas. El ejercicio de asumir entre todos este tipo de proyectos es enriquecedor, pero debe ser parte de un proceso. Todas las iniciativas se miden por el resultado final. El alumbrado navideño que exhibe Cali hace parecer que en nuestra ciudad no hay liderazgo y que la empresa privada invierte centavos cuando la realidad es distinta. Estoy segura de que con planeación hubiéramos tenido un alumbrado tan majestuoso como el de Medellín y Bogotá, o al menos similar al de nuestros municipios vecinos. El problema de nuestra ciudad es que no sabe qué quiere y cuál es su vocación. Ese desconocimiento la lleva a tomar decisiones equivocadas y la obligan a implementar planes B que dan la imagen de improvisación. Lo complejo es que además le impide tomar decisiones estratégicas que le permitan convertir en inversiones lo que pareciera un gasto. El alumbrado es un ejemplo. El asunto no es defenderlo o atacarlo, la esencia de la discusión es la necesidad que tiene la ciudad de definir sus temas importantes y qué papel juegan en el desarrollo urbano, económico, en la cultura ciudadana y en la creación de imaginarios colectivos. Con respecto al alumbrado navideño tenemos un año para preguntarnos qué papel juega en las ciudades modernas; ¿por qué para grandes urbes como Nueva York, París, Madrid, Rio de Janeiro o Sidney es tan importante?

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    lunes 10 de diciembre, 2012

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