Álvaro Gómez Hurtado
Fue un ser humano excepcional, perteneció a otras épocas donde la ciencia política tenía exponentes de su talante, indudablemente al doctor Gómez le tocó usar pañuelos de los finos para taparse la nariz y la boca ante el florecimiento de la corrupción política (Proceso 8000), donde por primera vez en mi vida escuché a un expresidente afirmar que todo había sucedido a sus espaldas.
El Intelectual, el filósofo, el hombre humanista a quien nos referimos era la otra cara del país, como decían algunos la conciencia moral de los colombianos, a él le escuché que lo que estaba desprestigiado en Colombia no era el gobierno, sino el régimen, que había que modificar el régimen; sugirió, entre otras cosas, acabar con la Policía y volverla a hacer.
Increíblemente, se reveló esta semana que el extinto movimiento Farc se atribuía la autoría de ese crimen de lesa humanidad y, desde luego, se plantean muchos interrogantes: ¿Qué interés tenían las Farc de acabar con la vida de un demócrata como Álvaro Gómez? ¿Por qué razón no lo manifestaron en su momento, o es que el régimen corrupto de la época escondía algo con este movimiento? Si algún asesinato de esta naturaleza por años ha quedado impune ha sido este, por la atrocidad, por lo horroroso que fue. Le quitaron la vida a un hombre que hubiera cambiado los destinos de este país sin tanta violencia y lo habría conseguido con transparencia si la burguesía colombiana no se le hubiera atravesado.
Me deja muchas dudas esa revelación, debo manifestar que el crimen de Álvaro Gómez fue un crimen de Estado, como lo fue el de Jorge Eliecer Gaitán y muchos mártires de nuestra patria.