Antonio Zibara
Hasta donde recuerdo lo conocí en el café Los Turcos, en alguna noche de sábado lluviosa, cuando el café quedaba donde hoy está la plazoleta Jairo Varela.
Andaba junto a otro poeta nuestro: Fabio Arias – FARIAS –, quien se nos fue de este mundo hace ya 7 años, y ahora Zibara sigue su ruta y se dedica a elaborar sus versos en compañía de su viejo amigo de tertulias y que se llamaban con Horacio Benavides “los poetas de la barba blanca”
Asistí a algunos de sus talleres literarios en la biblioteca patrimonial Centenario, y por él conocí la poesía de Gonzalo Rojas, con este poema que nos compartió:
“… Es él. Está lloviendo.
Es él. Mi padre viene mojado. Es un olor
a caballo mojado. Es Juan Antonio
Rojas sobre un caballo atravesando un río.(…)”
Volvimos a encontrarnos en varios espacios, la última vez en alguna presentación de un libro, quizá compartimos vino, conversamos, lo vi desaparecer como un niño fantasma caminando suave, con su infaltable maleta que abrazaba como aferrado a una tabla de salvación (que lo era) porque allí cargaba sus poemas, todos escritos a máquina y tachados, corrigiendo, que es la labor del escritor; y seguro allí, entre hojas en blanco y borradores de poemas, estaría este verso:
“esta noche ha decidido bajar ese agujero/para tener una charla con los muertos/soñar una parte de su cuerpo entre cipreses/el aire detenido en sus rodillas/como un trazo sediento entre la hierba”.