Aristas de la violencia

Carlos Cuervo

La discusión sobre la conveniencia del Sí o No en el plebiscito por la paz es bizantina, esa negociación resolverá una porción grande del conflicto, pero no es el mayor de los flagelos ni el más profundo y espinoso.

Pensarán que soy un frío e insensato comentarista a quien la vida humana importa poco, pero la inequidad y la corrupción en todos sus matices son el combustible que aviva el fuego por el cual no encontramos soluciones serenas a nuestras diferencias.

Actualmente asistimos en Cali a un recrudecimiento de los atracos, delito de impacto social alto pero de difícil evaluación con los indicadores de violencia ante la escasez de denuncias y, por ende, complejo de solucionar. El atraco de menor cuantía, hecho brumoso que en este año ha aportado un importante número al total de fallecidos por violencia en Cali.

Tras unas semanas asistiendo a reuniones de seguridad y de conversar con profesionales en la materia, comprobé que la corrupción y el tráfico de influencias también aportan en el aumento de esta calamidad.

¿Por qué?
Autoridades indiferentes o permeables sostenidas por el compromiso político, quienes se limitan a cumplir con el mínimo del deber y para los cuales un muerto o un atraco es sólo un número en la estadística que no hace una gran diferencia.

Funcionarios quienes con presiones desean perpetuar desde los barrios sus estructuras de poder a través de las JAC y JAL entorpeciendo planes por lo ineficientes o corruptas.

Toda una miscelánea de elementos para alimentar la hoguera de la violencia en un país que se debe encaminar hacia un posconflicto.

Comments

    sábado 10 de septiembre, 2016

    Otras Noticias