¿Arrepentimiento o soberbia?
Para muchos colombianos el gobierno de Juan Manuel Santos ha sido errático y autista. Lo digo con respeto por tratarse del primer magistrado de la nación, pero, ahí están los siete años y seis meses de su gobierno como el mejor ejemplo de ello, hasta el punto que sus aliados más importantes: Samper, Gaviria, Pinzón y muchos otros, lo dejaron solo. El país está descuadernado. Se siente.
Hace pocos días le dio al Presidente por enviar una carta a su sucesor, el que sea, con pautas sobre como deberá dirigir la nación.
En ella el mandatario insiste, como es natural pero equivocado, que realizó una gran labor. No. Nos deja cosas muy complicadas.
Por ejemplo, estamos a la espera de un fallo de la Corte de la Haya, sobre el diferendo con Nicaragua, que también nos quiere quitar parte de la plataforma continental, incluida gran parte de Cartagena. Gravísimo.
Y no nos volvió a decir nada al respecto. Insiste que en su gobierno no hubo corrupción y sigue empecinado en acusar a su antecesor, quién además fue su jefe.
En todos los gobiernos la corrupción siempre ha existido pero, en el de Santos fue peor. Ese cuento de la “mermelada” para comprar conciencias de congreso, magistrados, periodistas, ha sido increíble. La economía, con un 1,8% de crecimiento, es una pena.
La reforma tributaria, injusta con empresarios y colombianos en general. Hipotecar al país con la deuda externa, que duplicó, sin que sepamos en que se invirtió, pavoroso. Dejó regiones como Chocó, La Guajira, Cauca, Nariño, por mencionar unas, peor que antes.