Ausencias

Leonardo Medina Patiño

Llega diciembre, con todo lo festivo que envuelve sus treinta y un días. Y en esa agenda, marcada por los sempiternos compases de “ya llegó diciembre, diciembre bonito, con sus aguinaldos y sus villancicos…” de Lizandro Meza y “El tamborilero” y la salsa y la rumba, acompañada de aguinaldos, se siente el silencio de ciertas voces que se nos han ido.

Hacen falta, sentimos esa carencia de la presencia física que nos lacera, nos conmueve, porque sabíamos que por estas fechas ya su invitación al almuerzo, a la cena, a pasar el 24 o el 31 en su finca o en su casa, eran todo un ritual, que se empieza a extinguir.

Una de esas ausencias, de las más dolorosas, es la del doctor Armando Peña y Mosquera, a quien aún lloro, en silencio. Cómo me hace falta en estos tiempos. Esa sabiduría tan aguda, sin continencia para decir lo que pensaba, su humildad jesuítica me hace falta.

También duele la ausencia de Fernando Reynaldo Orozco Monge, el capitán de ese enorme navío llamado restaurante El Corzo, ubicado en una esquina del barrio San Vicente. Era todo fiesta. Anfitrión extraordinario. Extrañaré sus invitaciones a la paella que hacía en su apartamento a fin de año con “pocos buenos amigos” junto a su compañera Maritza Taborda, quien – como sus amigos- seguimos sin comprender esa triste partida, y a quien dedico estas líneas como mensaje de calidez en su duelo.

Y ya en lo más próximo, en el torrente sanguíneo, cómo no extrañar la presencia de mis tíos de Tuluá: Oriel, quien era un Pather Familias, estaba atento a los mínimos movimientos de cada uno para atenderle en su casa o en la finca, donde el río sigue entonando su cascar y extrañándole, y donde seguro también va él -de otra forma-, mostrando lo feliz que fue en ese terruño.

Mi tía Omaira, a quien siempre debí el cuidado de mi hija en esos primeros días de su natalicio. Sabía de mis antojos, esa forma tan humilde de atender mis peticiones, de quererme, de hacer sentir que la vida siempre estaba para disfrutarla.

Esas ausencias, como otras que no alcanzo a reseñar en esas apretadas líneas, duelen por estos días. A ellos he encendido una vela, intentando iluminar su paso por el oriente eterno, por esa forma que tomamos todos en algún momento de la existencia, y para decirles, también, que esa es otra forma de bendecirlos.

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lunes 13 de diciembre, 2021

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