Avionada
El expresidente Uribe es el único colombiano que tiene la potestad de acusar, rumorar, injuriar o sentenciar sin importarle las evidencias, los fundamentos o la verdad; lo único relevante para él son los réditos políticos que coseche.
Así ocurrió cuando propaló la especie de los dineros calientes en la campaña Santos presidente o cuando ha acusado a humildes campesinos de guerrilleros vestidos de paisanos o en general cuando la ha emprendido contra sus críticos asimilándolos temerariamente de auxiliadores de la guerrilla, sin que traiga consigo ningún tipo de consecuencias judiciales y, lo más sorprendente, tampoco políticas. Pareciera que su estilo torticero ha enajenado la conciencia ciudadana.
Este discurso ha calado en un país “paranoico” por la presencia atrabiliaria de la guerrilla, que ha sido de contera el sector más uribista de nuestros connacionales. ¿Que sería del uribismo sin las Farc? Cada vez que el expresidente se queda sin combustible, llegan al auxilio las Farc a través de cualquier barbaridad:
La última fue la emboscada de los soldados del Cauca, que casi acaba con el proceso de paz. Por eso cuando se cayeron los helicópteros la semana pasada, el expresidente miró hacia el cielo y se dijo: muchachos ustedes no me podían fallar.
Solo que esta vez no fueron sus guerrilleros aliados -según resulta de las evidencias técnicas de los expertos evaluadores-, que empiezan, para su despecho, a tomar distancia, haciendo conciencia que lo que está en juego es su porvenir político y que este depende de la decisión de ponerle fin a la guerra.
Una vez más el empecinado senador, saldrá indemne de esta “avionada”. No tendrá necesidad de pedir excusas, menos de admitir que fue su “corazón grande” quien le vendió el origen del siniestro.