¿Bailas Twerk?
Coincido con el apelativo de “pobre imbécil” que se ganó el DJ presentador de la ceremonia de premiación del Balón de Oro, ceremonia en la que se distingue a los mejores jugadores del mundo.
El deslucido presentador -al estilo de su símil de Miss Universo- le preguntó a la hermosa noruega que ganó el premio por su talento futbolístico si bailaba twerk.
La rubia deportista, estupefacta ante tal estupidez, contestó con un rotundo “No”.
No dudo de que existen muchos machos de nuestra especie para quienes las féminas son voluminosos y redondeados traseros poseedores de piernas y de otros tantos accesorios corporales.
Por esta razón contemplar el twerk o twerking como se conoce al baile en el que ellas sacuden y rotan sus glúteos al compás de la música, puede llegar a ser el nirvana para este tipo de sujetos.
Sólo así podría comprender la majadería del tarado presentador. Sin embargo, esa pasión y profunda atracción que todos profesamos por un perfecto y redondeado derrier mujeril nunca podrá llegar a ser excusa para salir con una sandez como la descrita y mucho menos justificar cualquier tipo de acto físico que atente contra el cuerpo femenino.
Glorifico el especial diseño de cadera y piernas con que sabiamente las dotó a ellas nuestro Creador. Doy fe de que muchas no son conscientes del “ardoroso mensaje” que irradian al caminar o bailar.
Pero aquí lo sustantivo del asunto. Estamos ante un “presunto mensaje” que los hombres pretendemos recibir y que no necesariamente ha sido emitido por ellas de manera voluntaria.
Comprender esta verdad hace la diferencia y construye el respeto que merecen ellas.