¡Basta ya de vandalismo!

Natalia Bedoya

¿Hasta cuándo la universidad pública va a ser cuna de vándalos? Son pocos, pero hacen mucho daño. De los 30.750 estudiantes de Univalle, menos del 2% conforman los llamados encapuchados, infiltrados que pretenden escudarse en el derecho a protestar.

Lo que sucedió en la Universidad del Valle el pasado 3 de abril no tiene otro nombre que terrorismo. Los encapuchados dieron otra muestra de la necesidad de permitir la intervención militar al interior del campus.

No es la primera vez que estos jóvenes atentan contra el orden público de la ciudad, pero pretender derribar un helicóptero con una bazuca artesanal, merece abrir el debate sobre la intervención de la fuerza pública al interior de la universidad. Las aulas de clase no pueden seguir siendo utilizadas como laboratorios de armas.

Al igual que lo que sucede hoy en el Cauca con la minga indígena, la extorsión a través de mecanismos de violencia no puede ser el medio de negociación de ningún grupo de ciudadanos.

Los caleños no tenemos por qué seguir tolerando bloqueos de las vías, atentados contra el sistema de transporte masivo y mucho menos que los jóvenes que asisten a la universidad pública a formarse como profesionales tengan que ver interrumpidas sus clases por los actos vandálicos de este escaso, pero dañino grupo de jóvenes.

La libertad de cátedra debe ponderarse, puede sonar extremo, pero sin duda es necesario el allanamiento al campus, decomiso de cualquier artefacto explosivo y judicialización de los responsables.

La protesta es bienvenida pero nunca el terrorismo, la protesta pacífica es un derecho constitucional, pero el terrorismo universitario es un delito que merece todo el peso de la ley.

Cali necesita mano dura contra cualquier manifestación de violencia.

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jueves 4 de abril, 2019

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