Cambio de posturas
La victoria de Abelardo de la Espriella significa —ojalá que sí— la recuperación del país. Definitivamente, es un nuevo rumbo político.
Colombia, como en otras naciones hermanas, ha ido estableciendo una forma nueva de hacer política.
Desde el inicio de la campaña electoral se decía que un outsider sería el nuevo estilo para gobernar.
Los partidos tradicionales, con excepciones muy conocidas, no gobernaron eficazmente para el pueblo y este se fue desanimando. Ahí están las consecuencias.
Gustavo Petro puso el tono del cambio y once millones lo acompañaron, pero se equivocó—gravemente—en muchas cosas que ya todo el país conoce.
La cereza del pastel fue el de escoger un candidato más radical que él, al que le brindó un descarado respaldo de su gobierno y con el presupuesto nacional, amén de violar las leyes electorales.
Utilizar gran parte de ese presupuesto contratando más de setecientos mil personas con propósitos electorales, olvidando renglones sociales fundamentales, fue perverso.
Asimismo, la intervención de grupos armados ampliamente conocidos en la contienda electoral también creó desasosiego y malestar. Y ni qué decir de la super deuda que le deja al país.
Todo ese proceso proselitista utilizado por Petro para buscar el triunfo de su “heredero”, se realizó creando una polarización entre los colombianos y a una lucha de clases pavorosa que acrecentó mucho más el resentimiento social.
Era el reflejo de un mandatario que quiso seguir gobernando a través de un carnal ideológico que había propuesto cosas no muy agradables como esa de decir que acabaría con el Consejo de Estado, demostrando su desagrado con el control de la justicia y, también había propuesto, entre cosas desagradables, “ir introduciendo gente de las guerrillas en las FF.AA.” con el sofisma de brindar una “oportunidad de vida”.
Se recupera enormemente, el valioso perfil del gabinete ministerial. El importantísimo valor de una empresa como Ecopetrol, devaluada y casi extinguida.
Se salvan las pensiones de quienes ahorran para la vejez. Las FF.AA. recuperan su valentía perdida. El deporte vuelve a recuperar medallas y presupuesto.
La vivienda VIS regresa gracias a que nos salvamos de expropiaciones. Etc., etc.
Colombia no sirve para ser un país gris, mísero y abatido, como son todos los países gobernados por las manos de la izquierda (comunismo), no por el cerebro.