Carta de Jourdon Anderson: un esclavizado liberado le escribe a su antiguo amo

Célimo Sinisterra

Durante los años del horror de la esclavitud, hubo muchos hechos y acontecimientos que marcan la historia y que, de alguna manera, es necesario que el mundo conozca para poder tener otro contexto de lo inicialmente contado.

Este caso revive la historia de un esclavizado quien, por más de 30 años, les sirvió a sus amos, pero logró su libertad.

Anderson era un esclavizado sumiso, inteligente y muy dedicado a sus oficios. Aunque los amos sabían de su compromiso, nunca se lo dijeron para no rebajar su ego frente a un negro esclavizado.

No obstante, con el pasar del tiempo, el esclavista fue dándose cuenta de que su plantación iba cuesta abajo, mientras él no sabía ni coger un azadón.

Ahí es cuando le invade la nostalgia del negro y decide enviarle una carta motivando su regreso.

Respuesta de Jourdon Anderson, ahora libre

Recibí su carta, y me alegró saber que no ha olvidado a Jourdon y que desea que vuelva a vivir con usted, con la promesa de hacer más por mí que cualquier otra persona.

Últimamente me he sentido preocupado por usted; pensé que los yanquis lo habían colgado hace tiempo por albergar a los rebeldes que encontraron en su casa.

Supongo que nunca se enteraron de su visita al coronel Martin, cuyo fin era matar al soldado de la Unión que había sido abandonado por su compañía en su establo.

Aunque usted me disparó dos veces antes de mi partida, no quería que usted saliera herido, y me alegra saber que sigue vivo.

Me hubiera gustado volver al viejo y querido hogar y ver a la señorita Mary, a la señorita Martha y a Allen, Esther, Green y Lee.

Dígales a todos que los aprecio y que espero que nos encontremos en un mundo mejor, si no lo hacemos en este.

Hubiera regresado a verlos a todos ustedes cuando trabajaba en el hospital de Nashville, pero uno de los vecinos me contó que Henry quería dispararme si alguna vez tenía la oportunidad.

Quiero saber específicamente cuál es la buena oportunidad que usted me ofrece. Aquí me va relativamente bien.

Recibo $25 al mes, además de víveres y vestimenta; tengo una casa cómoda para Mandy (la gente la llama Sra. Anderson) y los niños, Milly, Jane y Grundy, van a la escuela y aprenden bastante.

El maestro dice que Grundy tiene talento para ser predicador. Ellos van a la escuela dominical; Mandy y yo asistimos regularmente a la iglesia. Nos tratan con amabilidad.

Algunas veces escuchamos que otros dicen:esa gente de color era esclava en Tennessee”.

A los niños les duele escucharlo, pero les digo que en Tennessee no era una desgracia pertenecer al coronel Anderson. Muchos negritos estarían orgullosos, como yo lo estaba, de llamarlo “amo”.

Ahora bien, si usted escribe y me dice qué sueldo me ofrecería, yo podría decidir si me conviene regresar.

En cuanto a la libertad que usted dice que puedo obtener, no hay nada que me beneficie al respecto, puesto que obtuve mis papeles de libertad en 1864 de parte del jefe del Cuerpo de la Policía Militar del departamento de Nashville.

Mandy dice que le daría miedo regresar sin ninguna prueba de que usted está dispuesto a tratarnos con justicia y amabilidad; así que hemos decidido solicitar, como prueba de su sinceridad, que nos envíe nuestro sueldo por el tiempo que estuvimos a su servicio.

Esto nos permitiría olvidar y saldar viejas cuentas, y confiar en su justicia y amistad en el futuro.

Le serví fielmente durante treinta y dos años, y Mandy durante veinte años. Calculando $25 al mes para mí y $2 a la semana para Mandy, nuestro monto sería de $11.680.

Súmele a eso los intereses por el tiempo en que nuestro sueldo ha estado retenido y reste lo que ha pagado por nuestra vestimenta, tres consultas médicas mías y la extracción de un diente de Mandy; el saldo mostrará lo que por justicia nos corresponde.

Envíe, por favor, el dinero a través de Adams Express, a la atención del Sr. V. Winters, Dayton, Ohio.

Si no cumple con el pago por nuestro fiel trabajo en el pasado, no podemos confiar mucho en sus promesas respecto al futuro.

Confiamos en que el Creador haya abierto sus ojos sobre los errores que usted y sus padres cometieron conmigo y mis padres, al hacernos trabajar duramente para ustedes por generaciones sin remuneración.

Aquí recibo mi sueldo cada sábado en la noche, pero en Tennessee los negros nunca tuvimos un día de pago, como si fuéramos vacas o caballos. Sin duda llegará el día del juicio para aquellos que robaron el sueldo a sus trabajadores.

En la respuesta a mi carta, por favor indique si habría alguna seguridad para mis hijas, Milly y Jane, que ya son mayores y atractivas.

Ya sabe cómo les fue a las pobres Matilda y Catherine. Preferiría quedarme aquí y morir de hambre, si fuera necesario, antes que exponer a mis hijas a la vergüenza de la violencia y maldad de sus jóvenes amos.

Asimismo, indique si hay escuelas para niños de color en su vecindario. El mayor deseo de mi vida ahora es darles una educación a mis hijos y permitirles que adquieran comportamientos virtuosos.

Con el peor de los recuerdos.

Att: Jourdon Anderson.

Comments

jueves 14 de mayo, 2026

Otras Noticias