Carta para los incultos
Transitando por la calle 5 en Cali observaba una ambulancia en apuros que no lograba abrirse paso entre los vehículos. En mi asombro por lo que ocurría recordé los escándalos que se habían presentado años atrás con algunas empresas que prestan este servicio de transporte a pacientes y que habían sido descubiertas llevando particulares que solo padecían el dolor de llegar tarde a sus destinos, aprovechando la distinción de urgencia y el sonido de las sirenas para eludir la congestión vehicular, un servicio al estilo Uber.
Durante mi espera en el trancón imaginé un escenario aterrador en donde las ambulancias perdían la confianza de la sociedad y su carácter honroso; así mismo, los conductores y transeúntes urbanos perdían estrepitosamente su capacidad para empatizar ante el llamado de las sirenas que alertaban su urgencia.
En ese momento sentí escalofrío de solo pensar que esa ambulancia que se encontraba sin salida entre el tráfico podía estar atendiendo el llamado de algún integrante de mi familia.
¿Qué castigo debe proceder cuando estos tipos de actos inescrupulosos ponen en riesgo la cultura ciudadana o empresarial? Estas malas prácticas erosionan la confianza y el bienestar mientras nos arrastra sutilmente a la construcción de una comunidad inculta o de una mala cultura.
Obviamente, existen conductas inadecuadas donde la sociedad reconoce su ilegalidad a la vista, las acusan y las rechaza de tajo, pero hay conductas que se mimetizan en la cotidianidad del entorno y se abren paso a ser aceptadas por la inercia de un comportamiento imitable en el inconsciente ciudadano, esto es peligroso.
Existen actitudes sociales que estamos normalizando y que son perjudiciales, como el individualismo extremo, el consumismo desmedido y la polarización. Veamos este ejemplo: Nunca, la corrupción pública o privada será admitida social y políticamente, pero la legitimamos cuando tomamos decisiones como votar o amnistiar a alguien porque “robó menos que otros”.
La transformación de una mala actitud en una cultura es un proceso gradual. Sucede cuando esa actitud negativa se repite y se normaliza en un grupo o comunidad. Las acciones individuales se suman, y con el tiempo, esa actitud se arraiga en las creencias y prácticas compartidas por muchos.
No nos vanagloriemos de ser avispados, aprendamos a ser útiles.