Cartagena en mi memoria

Umberto Valverde

Cartagena es para mí una ciudad de recuerdos. Por cuatro décadas la he visitado, desde la primera vez que vine a cubrir el Festival de cine, en representación de la revista Nueva Frontera de Bogotá.

Empecé a venir, me hice amigo de Víctor Nieto y terminé siendo un invitado especial durante su administración, acompañado en unos pocos años por Gabriel García Márquez, donde vivimos los mejores momentos, los más inolvidables, con la visita de William Styron.

Claro, antes, en la etapa de Focine, llegó Bernardo Bertolucci, quizás, para mí, el mejor director de cine de toda la vida. Con él tengo recuerdos especiales, le entregué mi libro Bomba Camará, al día siguiente hablamos en el Centro de Convenciones y me dijo que uno de los cuentos era como un guión, listo para hacer una película. Un altísimo elogio.

Cartagena era el encuentro con Eligio García Márquez, Roberto Burgos Cantor y Heriberto Fiorillo, los largos desayunos del hotel Caribe, compartidos con gente famosa, entre ellos Gabo o Carlos Monsivais, hablando de bolero, también con Orlando Mora, todo el grupo de Medellín, y la folclórica presencia de los actores de televisión colombiana, a quienes les hacíamos diabluras, como una pitada olímpica a Amparo Grisales, para la cual compramos 500 pitos, que sonaron en el Centro de Convenciones.

Cartagena era el encuentro con los cinematografistas cubanos, con el gran Jesús Díaz, un enorme cuentista que cuando le hablé de Orlando Vallejo en un amanecer se puso a llorar. También con los mexicanos y chilenos. Nosotros íbamos a un lugar de la ciudad vieja, cuando no era de moda, y había un bolerista negro inmortal.

Es imposible recordar tantas cosas, tantos amores fugaces, jovencitas apasionadas por el cine y por la rumba. Muchos sitios quedan en la memoria, pocos como esa fuerza turbulenta de La Escollera.

En esa Cartagena, diferente es la que hoy despierto para venir a cumplir años, con Angela, en el apartamento de mi hermano Hugo, que se encuentra en España de paseo. Ya estamos acostumbrados a este lugar, en el Laguito. En esta semana donde ha muerto Gilberto Rodríguez, y no sé qué sensación le dejará esto a su hermano, Miguel.

El cartel de Cali no ha querido hablar, Gilberto era el llamado a escribir la memoria de tres décadas de poder y dominación de la clase política y empresarial de Colombia. Muy pocos sabemos qué pasó en Cali y la incidencia de esto en la historia de Colombia

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jueves 2 de junio, 2022

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