Censo incierto
El Gobierno gasta millones en actividades que bien podían realizarse contando gratuitamente con el servicio social que presta el estu-diante para poder obtener su grado de bachiller o con las prácticas de algunas carreras profesionales.
Lo más grave es que se paga sin obtener los resultados esperados, como ocurrió con el censo de población 2018, como lo admitió Juan Daniel Oviedo, director del DANE, hubo imprecisiones de los datos.
Si fracasa el censo las políticas estatales futuras andarán a la topa tolondra.
Inaudito en tiempos que el país goza de modernas comunicaciones tecnológicas y cuenta con vías de acceso a las regiones apartadas.
Recuerdo que participé como empadronador en el censo de 1973, prestando mi servicio social de estudiante, siendo capacitado previamente para la operatividad censal y muy entusiasta con mis condiscípulos casa por casa aplicamos las encuestas.
Ese domingo todos los colombianos debieron de permanecer obligatoriamente en sus hogares, pasábamos por las calles los empadronadores y la guardia militar que garantizaba el orden público.
En los casos de traslados de enfermos o de sepelios, las ambulancias o los carros fúnebres, exhibían los salvoconductos.
Bien o mal, tales datos fueron confiables y útiles para los proyectos sociales de los gobiernos postfrentenacionalistas.
Pero hoy, en tiempos de las convulsiones políticas del país, los próximos gobiernos desconocerán cuántas personas son desempleadas, cuáles serán los costos de vida, quiénes necesitan vivienda o requieren de salud y educación.
Entonces, ¿cómo proyectarán las destinaciones presupuestales, sin quedarse cortas o cayendo en el despilfarro? Mayores serán los riesgos en un país donde la corrupción ha sido costumbre y galopa la inflación.