Cerrando el círculo
No quería referirme al caso Pretelt, por considerarlo lo suficientemente manoseado, pero el fondo de esta situación—la crisis de nuestra justicia criolla—obliga a participar con algún comentario. No es justo pasar de soslayo ante la gravedad de un mal que nos aqueja desde hace rato. La verdad es que lo ocurrido con dicho “señor” es sumamente grave.
Sin embargo, no podemos desconocer que su caso es apenas la punta del iceberg. La justicia ha sido permeada desde que se estableció la Constitución del 91 solo que, ahora, por razones de doble moral y política le están haciendo pandilla al abogado Pretelt, a quién sin el debido proceso le pretenden endilgar toda la responsabilidad de la mala imagen de la justicia colombiana. No.
“Nuestra” justicia está corrompida en todos sus ángulos. Razón tuvo el exministro Juan Carlos Esguerra cuando dijo “que antes de reformar la justicia, habría que reformar las facultades de Derecho, debido a que fundamentalmente se está enseñando como hacer torcidos”. Precisamente, muchos docentes o profesores del Derecho en las universidades del país son los magistrados de las distintas cortes.
El Consejo de Estado, donde uno de sus magistrados es el esposo de la actual presidente encargada de la Corte Constitucional acaba de fallar, por 16 votos, a favor de Petro, para no destituirlo, pero lo grave es que esos 16 votos están listos gracias a mucha mermelada, para destituir al Procurador General, es decir, declaran inocente a quién la embarró y se la van a cobrar a quien quiso disciplinar, solo porque se metió a opinar sobre la paz. ¿Entienden por qué la situación es tan grave? Y lo tenaz es que todavía no percibimos lo que nos corre pierna arriba.