Ciro Durán

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Ciro Durán, falleció esta semana a la edad de 84 años. Tal vez los nuevos cinéfilos desconozcan la importancia del cineasta, guionista y productor. Fue uno de los pioneros del cine de denuncia social en Colombia y en América Latina. Sin entrar en controversias conceptuales estéticas, porque algunas cintas no deslindan entre el documental sobre la realidad y, el cine de ficción, estimo que innovó filmando la problemática de los niños abandonados en las calles de nuestras ciudades y de las metrópolis latinoamericanas. Hay quienes en la clasificación de la filmografía hablan de los falsos documentales. No comparto tal denominación en estos tiempos de los falsos positivos. Mejor preciso que se trata de cine documental con actores naturales. Ciro Durán, con su película “Gamín” (1977), registró la problemática social de los muchachos que viven en la calle y que para sobrevivir cometen pequeños robos. La sociedad los mira como la escoria y los gobiernos no han podido darle solución. Alguien me decía que no han querido asumir el problema porque estiman que se trata de gastos, no de inversiones, y además no retribuirían en votos. Ciro Durán, Héctor Babenco y Víctor Gaviria, como directores de cine, registraron la problemática del desamparo de esa niñez que se rebusca y sobrevive en las calles, sin familia y a merced de los buenos corazones. Unos extienden sus manitas para recibir alguna moneda. Otros matan el hambre en las puertas de los restaurantes con las sobras que no se destinan para las porquerizas. El escepticismo del Estado, la indiferencia ciudadana y el hambre, los aproxima al delirio, obligándoles a echar mano del raponazo. Cuántas veces hemos visto que en manguala corren transeúntes gritando “cójanlo”, los persiguen y sin compasión los maltratan. Ciro Durán inauguró la trilogía de cineastas sensibles que concientizan a los cinéfilos: Ciro Duran, con “Gamín” (1977), Héctor Babenco, director brasilero de origen argentino, con Pixote (1981) y Víctor Gaviria, con “La vendedora de rosas” (1998). “Gamín” es una evidencia clara de que no son suficientes los programas de Bienestar Familiar ni las políticas sociales del Gobierno. Muestra que muchos niños siguen deambulando en las calles, cocinándose el caldo de cultivo de la futura delincuencia. Impactó tanto su película “Gamín”, que, por su parte, Héctor Babenco se animó a filmar el “Pixote” de las favelas de Sao Paulo. Y Víctor Gaviria, el poeta y director de cine, realizó “La vendedora de rosas”. Los tres cineastas retrataron y denunciaron la realidad latinoamericana, escudriñando las causas sociales que marginan a los seres humanos desde niños. Pixote, es otro gamín, escapa de las correccionales que se asemejan a cárceles, más que a centros educativos, y en la calle es utilizado por el microtráfico. La vendedora de rosas en las noches junto a los semáforos ofrece sus ramos a los enamorados, buscando sobrevivir con sus amiguitas, que, huyendo de la violencia intrafamiliar y de los parientes pedófilos, prefirieron la calle más que su casa en el tugurio. Ciro Durán no declinó la línea social y política de su fílmica: “Gamín” (1977), “La guerra del centavo” (1985), “La nave de los sueños” (1996), y “La toma de la embajada” (2000). Fue el verdadero historiador con las imágenes: la niñez abandonada; el problema del transporte tradicional que afectó y, empeoró con el nuevo masivo, a las ciudades del país; el sueño americano de muchos jóvenes que esperanzados viajaron a los Estados Unidos, escondidos como polizones entre contenedores en barcos de carga; y la acción más arriesgada del M19 para presionar la liberación de presos políticos. Paz en su tumba.

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martes 11 de enero, 2022

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