Colegios invisibles
¿No es inverosímil que en nuestro país los jóvenes corran peligro hasta para ir al colegio? Ese lugar que antes era un territorio de paz, donde el jóven iba a aprender, a recrearse y a ser feliz se ha convertido, en algunos lugares del país, en una amenaza para la vida, rodeados de bandas criminales que los amenazan o reclutan e incluso inducen a la prostitución.
Mucho de lo que está pasando en la escuela es el reflejo de lo que pasa en el país. ¿Será que la educación se está convirtiendo cada vez más en un derecho menos importante? Quizás sean rezagos de la pandemia, donde la deserción creció en un 43% en todo el país, según la Defensoría del Pueblo.
Para el caso del Valle del Cauca, alcanzamos la suma de 286.406 de niño(a)s y jóvenes desertores, según datos del Gobierno Nacional.
Pero esto pasa frente a la mirada de una sociedad que parece acostumbrarse a que más jóvenes no vayan a los colegios.
Si con solo la pandemia, se calcula que el atraso escolar reducirá a futuro en un 12% los ingresos económicos de esta generación, ¿qué será de los miles que están desertando? Esto es un síntoma grave que, como toda enfermedad, necesita tratamiento. Un jóven estudiando es un jóven menos en la delincuencia, es un jóven más para la construcción de país.
Urgen acciones encaminadas a proteger sus vidas, su alimentación y su transporte y así evitar que estos números aumenten.
En plenarias he sido reiterativo llamando al Ministro de Educación, del Interior y demás autoridades competentes a que nos pongamos manos a la obra. Es inadmisible que la falta de educación y de oportunidades se conviertan en paisaje.
En honor a la verdad, el actual Gobierno lleva poco y tiene buenas intenciones, pero tenemos tareas urgentes por resolver como los más de 471.051 niños que en este momento no están recibiendo ningún alimento en sus colegios, muy a pesar de que el PAE tiene el 100% del financiamiento pero que por cuenta de retrasos en la contratación o malos operadores, pasan a ser ellos las víctimas del Estado.
O los estudiantes en Buenaventura que no pueden ir a sus colegios por los panfletos amenazantes de grupos ilegales.
Si vemos los ejemplos de los países más desarrollados, tienen una importantísima financiación en la educación, la profesión docente es dignificada y los colegios no son espacios invisibles para las autoridades, sino por el contrario son lugares con amplia vigilancia para el desarrollo adecuado de nuestros jóvenes.
No pasaré un día en el Congreso sin pensar cómo mejorar las condiciones de la educación en Colombia.
Es mi bandera y mi compromiso con los vallecaucanos y con Colombia porque estoy absolutamente convencido, con mis más de 40 años de experiencia docente y rectora, que es solo a través de la educación que las oportunidades que generemos como país nos harán más competitivos y una sociedad más digna.