Colombia: bella pero dolorosa
La política en nuestro país, me refiero a esa mala política que tanto nos caracteriza, no deja que salgamos adelante. Al contrario, solo actúa para defender sus propios intereses y para enredar, ladinamente, el desarrollo y bienestar del país.
Acaba de salir la noticia, según un noticiero nacional en televisión, que un numeroso grupo de colombianos, incluidos tres senadores, uno vallecaucano, se han robado muchos millones de pesos del post-conflicto, utilizando subterfugios y esguinces para lograr tan maligno cometido. Lamentablemente, los colombianos nos limitamos a decir: no pasará nada.
Reiterativo es el tema de la reforma de la justicia y de la política, cuyos interesados, magistrados y políticos, no dejan que eso se realice.
La primera porque perdería la facultad de elegir funcionarios de alto nivel y, por ende, la corrupta oportunidad de lograr cargos de importancia para hijos, esposas y amantes, amén de ser una espada de Damocles para el gobierno de turno, al cual extorsionan y amenazan con fallos manipulados y espurios.
Igual la política, en gran parte corrupta y obsoleta, con dos cámaras donde una sobra, eligiendo también, altos dignatarios del Estado a cambio de contratos y burocracia, casi siempre, ineficiente y, sin permitir, por razones obvias, elegir con voto popular a Procurador y Contralor de nivel nacional, entre otras cosas.
Por otro lado, la izquierda y muchos colombianos que odian a Uribe, pretenden que el presidente Duque haga reformas por decreto, a gusto de ellos, olvidando que existen tres poderes, autónomos cada uno, con los que el mandatario debe contar. Como dice la canción, pobre mi país.