Colombia elige presidente sin saber qué propone

Edwin Maldonado

Muchos colombianos llegarán a las urnas sin haber estudiado a fondo las propuestas y sin haber presenciado un solo debate presencial entre los dos candidatos que disputan la segunda vuelta.

Dado que no hubo un verdadero contraste de ideas en el marco de una campaña dominada por ataques, demandas, escándalos y desinformación, vale la pena detenerse en lo que sí existe: los programas de gobierno.

La primera conclusión al leerlos es que no estamos ante dos versiones de lo mismo. Las diferencias son profundas y reflejan visiones opuestas sobre el papel del Estado, la economía y la forma de resolver los problemas del país.

En economía, Iván Cepeda apuesta por un Estado más activo: banca pública, política industrial impulsada desde el Gobierno y transición energética.

Abelardo de la Espriella plantea recuperar la confianza inversionista, simplificar regulaciones y reactivar sectores como hidrocarburos, minería y agroindustria.

La diferencia está en quién debe liderar ese proceso: Cepeda apuesta por el Estado; De la Espriella confía más en la inversión privada.

En seguridad el contraste es igualmente claro. Cepeda elimina el nombre de “Paz Total”, pero conserva buena parte de la lógica que inspiró esa política, aunque incorpora mayores condicionamientos y exigencias para los procesos de negociación: transformación territorial, sustitución de economías ilícitas e implementación del Acuerdo de Paz.

De la Espriella propone recuperar el control territorial mediante el fortalecimiento de la Fuerza Pública y el combate frontal a las organizaciones criminales.

Para Cepeda, la transformación social es la condición para alcanzar la paz. Para De la Espriella, la seguridad es la condición para transformar los territorios.

En salud, Cepeda propone profundizar la reforma impulsada por el gobierno actual: mayor rectoría estatal y compra centralizada de medicamentos.

De la Espriella plantea preservar la estructura del sistema, corregir sus fallas y recuperar su sostenibilidad financiera.

En educación, Cepeda prioriza la cobertura pública y la gratuidad universitaria; De la Espriella pone más énfasis en la formación técnica, la educación virtual y la empleabilidad.

En términos de forma, el programa de De la Espriella es más concreto en metas e instrumentos. El de Cepeda dedica más espacio a principios generales y objetivos de largo plazo.

Pero la pregunta más importante no tiene que ver con las propuestas sino con el diagnóstico.

El programa de Cepeda identifica problemas reales, pero su diagnóstico parece detenerse antes de llegar al gobierno Petro.

Se propone una nueva política industrial sin explicar por qué la industria perdió participación en la economía durante este gobierno.

Se habla de transformación productiva sin responder por qué la inversión privada cayó a sus niveles más bajos en décadas.

Se citan cifras de deuda anteriores a 2022, omitiendo que esta administración protagonizó uno de los mayores incrementos de endeudamiento de la historia reciente.

En salud, se propone profundizar reformas similares a las que hoy tienen al sistema en crisis, sin una reflexión de fondo sobre el deterioro en los servicios o la situación de las EPS intervenidas.

En otras palabras: el programa explica con detalle los problemas que heredó Petro, pero dedica poco espacio a los problemas que Petro deja.

Y esa es una pregunta legítima para cualquier candidato de continuidad: ¿Qué salió mal y qué piensa corregir?

Los programas son solo una parte del análisis. También importan los discursos, las actitudes y la relación de los candidatos con las instituciones.

Cepeda plantea el llamado gran acuerdo nacional. Sin embargo, sus declaraciones sobre el poder constituyente y la posibilidad de reabrir la discusión sobre una constituyente si las reformas no avanzan generan dudas sobre si ese acuerdo es una apuesta de concertación o un mecanismo de presión sobre las instituciones.

A ello se suman los cuestionamientos a los resultados de la primera vuelta y los ataques al CNE y al Consejo de Estado durante la campaña, elementos que hacen pensar que el estilo institucional del actual gobierno tendría más continuidades que cambios.

De la Espriella también genera preocupaciones legítimas. Sus confrontaciones con periodistas y un tono frecuentemente excesivo deben ser observados con atención.

Sin embargo, ha reiterado que respetará la Constitución y el funcionamiento institucional del Estado. La experiencia reciente demuestra que los ciudadanos no deberían conformarse con promesas: también tendrán que exigir coherencia entre el discurso y los hechos.

Una eventual presidencia de Cepeda significaría además la prolongación del proyecto político de Petro y la acumulación gradual de poder en distintas instancias del Estado, donde Cepeda tendría mayorías.

Paradójicamente, uno de los argumentos más frecuentes contra Abelardo es el temor al autoritarismo.

Pero al observar la composición futura de muchas instituciones, considero que el riesgo de contar con contrapesos más débiles es hoy mayor con Cepeda que con De la Espriella.

Al menos en ese escenario existirían incentivos institucionales más fuertes para ejercer control, vigilancia y oposición.

El programa de Abelardo de la Espriella —sin parecerme superior a los que presentaron Sergio Fajardo o Paloma Valencia en primera vuelta— resulta frente al de Cepeda más claro, más concreto y, en muchos aspectos, más realizable.

Los gobiernos pasan, los presidentes cambian y las propuestas evolucionan. Las instituciones, en cambio, son las que permanecen.

Y cuando se debilitan los contrapesos o se concentra demasiado poder en un solo proyecto político, quienes terminan perdiendo no son los candidatos: es la democracia.

@edwinhmaldonado

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martes 16 de junio, 2026

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