Colombia se reconoció en una historia

Rodrigo F. Chois

Me sorprendí con la dimensión de la tristeza, la rapidez con la que el duelo se volvió colectivo y la forma en que miles de personas me expresaron un dolor por alguien a quien nunca conocieron.

Después de la columna y video que publiqué a raíz del fallecimiento de Yeison Jiménez, recibí cientos de comentarios.

Unos extensos, otros breves, pero todos con la misma emoción: tristeza sincera y empática difícil de explicar desde la fría lógica. Entonces entendí que no se trataba solo de un artista o de un género musical.

Yeison Jiménez representó algo mucho más profundo: una historia posible: La del que no nació con ventajas; la del que se cayó muchas veces y aun así siguió; la del que convirtió el dolor, la pérdida y la escasez en su motor.

Esto tiene una fuerza enorme en Colombia, donde millones de personas luchan a diario con la sensación de estar siempre empezando desde atrás.

Cuando alguien logra romper ese techo invisible, su éxito deja de ser individual y se vuelve simbólico.

No genera admiración distante; crea una verdadera identificación emocional.

Por eso dolió. Dolió aunque no haya habido un vínculo directo; dolió porque nos recuerda nuestras propias pérdidas, nuestras propias batallas, la fragilidad de la vida y lo rápido que todo puede terminar.

Yeison Jiménez estuvo presente, a través de su música; en celebraciones, en duelos, en momentos difíciles y también en pequeñas victorias cotidianas.

Su voz acompañó historias ajenas que, en el fondo, no fueron tan ajenas.

SÍ, su partida dolió porque cuando alguien logra lo que muchos sueñan, su historia deja de ser individual y pasa a pertenecerle a todos.

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miércoles 21 de enero, 2026

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