Con paz esperamos más

Seguramente al presidente Santos, cuando resultó electo por primera vez, no se le ocurrió que necesitaría para su reelección los esquivos votos de la izquierda, los independientes y libre pensadores; como por supuesto estos jamás consideraron acompañar a un consentido de nuestra rancia oligarquía y además heredero del torvo uribismo.

Pero “vivir para creerlo”, el reelecto Presidente logró su resuelto apoyo, como otras veces en nuestra historia lo consiguieron candidatos del liberalismo con sectores inconformes, incluyendo el Partido Comunista.

Lo malo de esta historia es que terminó mal. Se recogieron las banderas del pueblo en rebeldía en los períodos electorales y desde el gobierno establecido se les sojuzgó e hicieron de sus aspiraciones andanadas de dolor y traición.

Esta es una triste lección que el país y Santos conocen, sin embargo, una vez más se le entrega una bandera de tanta importancia como la paz a un dirigente tan versátil como el Presidente, objeto hasta hace poco de los dardos más ponzoñosos de quienes el pasado domingo votamos por él.

Es importante destacar que el sufrido triunfo logrado, que salvó a Colombia de aciagos e insospechados momentos, no fue gracias solo a la clase política, sino a una ciudadanía resuelta a apostarle a la paz, como divisa incuestionable para lograr mayores niveles de desarrollo democrático.

Si permitimos que al Presidente lo “aprese” la politiquería pasándole su cuenta de cobro, no solamente no habrá paz, sino que esta historia se repetirá.

De este nuevo cuatrienio se espera que el buen comportamiento de las cifras macroeconómicas, de las que tanto alarde se hizo en la campaña, sirvan para definir con mayor claridad el rostro de la paz, gobernando a favor de los más pobres.

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    jueves 19 de junio, 2014

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