Condecoración

Rodrigo Fernández Chois

Hace días el Congreso le entregó al peluquero  Nor-berto la distinción “Orden de Caballero” por su “desempeño y contribución a la belleza nacional e internacional”. Confieso que cuando vi por primera vez la noticia imaginé que se trataba de una broma elaborada de las que suelen pulular en las redes y que, gracias a los  incautos que en ellas abundan, se vuelven virales. Sin embargo, se trataba de una verdad de apuño. Y como era de esperarse, la condecoración impuesta al famoso peluquero suscitó una tormenta de lluvia, rayos y centellas.

Unos basaron sus críticas en lo frívolo del significado de la belleza; algunos, además de sus maldiciones, rasgaron vestiduras por la condición  gay del galardonado y otros tantos repu-diaron el desatinado rol que tienen hoy las ilustres  condecoraciones.

Después de que la tempestad pasó y con la tranquilidad que permite opinar no durante los momentos de efervescencia y calor, declaro que no me disgustó la condecoración impuesta al afamado peluquero. Independientemente de su condición sexual u oficio, creo que el homenajeado representa perfectamente el tesón, la constancia,  la disciplina y la pasión que albergan en el pecho de cuantos  han osado crear empresa en nuestro país para generar riqueza, empleo y bienestar.

Casi cincuenta años de labor empresarial y cerca de 200 empleos son un aporte muy valioso para cualquier sociedad. Acepto que seguramente habrá no centenares sino miles de emprendedores que tendrían  a la luz de disímiles criterios igual o mayor derecho a un galardón semejante… Pero sé que para todos ellos no habrá nunca un mejor laurel que su propia y exitosa labor.  

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    miércoles 2 de agosto, 2017

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