Consuelo, desconocida
Una encuesta a estudiantes sobre si sabían quién fue Consuelo Araujonoguera, me demostró lo negativo que es dejarlos apenas con la versión de una serie de televisión.
Es aceptable que en las series sobre los famosos cantantes adviertan que las historias están afectadas por los toques de ficción de los libretistas, pero tratándose de líderes connotadas arriesgaría que los jóvenes consuman versiones que trivialicen el pasado.
De ahí que si la educación busca desarrollar competencias hacia la comprensión de la historia y para la lectura crítica de los medios de comunicación, deberá promover la intertextualidad de esas series y la investigación. Como ya señalé algunas de las imprecisiones históricas y la falta de sabor costeño en sus primeros capítulos, hoy quiero aportar a los televidentes algunos elementos históricos para que ellos mismos hagan sus propios juicios.
Empecemos por aclarar que su voluntad fue unificar sus apellidos, el Araujo y el Noguera, para reconocer la igualdad de sus progenitores. El liderazgo de “La Cacica” es equiparable y bien puede hacerse una analogía con la líder María Cano “La Flor del Trabajo”: si esta confió en que el sindicalismo redimiría a la sociedad, Consuelo creyó en la cultura popular.
Con Rafael Escalona y Alfonso López Michelsen, promovió los festivales de La Leyenda Vallenata. Escribió varias diatribas contra el vallenato comercial. Provocó roncha cuando como primera Ministra de Cultura, en vez de financiar óperas elitistas, destinó los recursos para las casas populares de la cultura.
Además de su “Carta vallenata”, en El Espectador, su legado: Vallenatología (1973), Escalona el hombre mito (1988) y Lexicón del Valle de Upar (1994).