Contrasindicalismo
Esta semana me abordó un periodista para conocer mi reacción sobre la manifestación adelantada en la plazoleta de la Gobernación por parte de los trabajadores del sector cañero y, desde luego, “como buen mamerto”, le manifesté mi solidaridad con la justa lucha de los corteros, entre otras razones, porque siempre he creído que es uno de los trabajos más duros que existen en Colombia.
Cuando salí del edificio, me detuve a escuchar unos minutos un inclemente discurso contra el presidente Santos y me puse a pensar: este sindicalista tiene razón, el Gobierno debería intervenir este sector que se nos toma el agua, con sus quemas eleva la temperatura, agota los suelos y además se amanguala para escamotear la competencia y por esta vía, decidir los precios del “pernicioso” azúcar.
Luego de chequear rápidamente a mi alrededor y verificar que no había ningún “sapo” que me aventara con mi jefe, tomé aire para echarle un “abajo” a Santos y justo ahí me desinflé, al escuchar con desconcierto que la razón del encono obrero estaba dada por la sanción de la superintendencia al sector, por su malhadada cartelización.
Me dije, entonces, le tocó esta vez a los dueños de los ingenios “agarrarse” con el Esmad, se van a dar cuenta como pegan de duro, y me puse a buscarlos para conocerlos en persona, a ver si estaban encapuchados o portaban mochilas con papas bombas, si se habían aplicado bloqueador solar, y, para mi sorpresa, no había ninguno, estaban solo los humildes trabajadores haciéndoles el favor, muertos del susto, por la amenaza de pagar con despidos, la merecida multa del encopetado gremio.