Convivencia menoscabada

Carlos Cuervo

Hace unas semanas advertí cómo se percibía el estallido de un nuevo problema de violencia ciudadana, gestado por el cansancio ante la inoperancia de nuestras instituciones policiales y de justicia. Una nueva versión de la ley del Talión se incubaba entre la ciudadanía que a diario transitan por las calles de Cali.

Infortunadamente las circunstancias que rodean los hechos recientes evidencian cuan cerca estamos de esta realidad.

Con unas instituciones blandengues e inoperantes, además de un conjunto de leyes y códigos escritos como para ángeles, se construyen las razones para que la comunidad tome justicia por propia mano. Por qué si las responsabilidades penales para los menores autores de hechos violentos graves tienen castigos pedagógicos, como lo estipula el artículo 140 de la ley de infancia y adolescencia y la reclusión es en establecimientos carcelarios, entre los adscritos al bienestar familiar, los cuales son internados poco severos; con certeza todas estas deficiencias impulsan al ciudadano a defenderse.

Además tenemos este cúmulo de problemas.  Jueces benévolos, condenas simbólicas, desmoralización entre los efectivos policiales, hacinamiento carcelario que obliga a los jueces a dejar en libertad a muchos infractores y como cereza de esta mezcla explosiva una deshumanización brutal de quienes nos asaltan, especialmente los más jóvenes.

Así, si nuestros líderes en todas las esferas continúan rechazando el debate, seguramente la opinión pública se obstinará con mayor vehemencia y los casos de justicia por propia mano crecerán en un espiral de agresividad y sangre.

Dejemos la falsa moral y las propuestas inaplicables para esta sociedad primitiva, y más vale endurezcamos esas leyes benevolentes que promueven la reincidencia ante el poco castigo.

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    sábado 30 de julio, 2016

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