Corporocracia reescrita

Carlos Alberto Botero Roldán

En la columna pasada compartíamos las premisas de un orador activista que enfatizaba sobre la importancia de fortalecer el establecimiento privado y productivo de los países para garantizar un buen ejercicio social, ambiental y de economía consciente.

Ahora veamos el otro lado de la moneda en la cual se advierte de lo que podría continuar suscitándose en caso de que los líderes empresariales no logren adquirir una conciencia humanista con prontitud, pues es de recordar que desde las administraciones corporativas que sucedieron la revolución industrial los abusos laborales fueron visibles y esa es la herida que aún no ha sanado.

El concepto libertario del presidente Javier Milei de Argentina, que promueve la libertad individual y la mínima intervención del Estado, contrasta significativamente con la idea de Corporocracia, Un concepto acuñado desde 2011 que explica como grandes corporaciones ejercen un control desproporcionado sobre las decisiones políticas y económicas.

Mientras Milei aboga por un mercado libre y sin restricciones, la Corporocracia representa un sistema en el que las empresas pueden llegar a tener tanto poder que socavan la democracia y el bienestar social, y por ello hay considera controlarlas.

En la práctica, esta permisividad ha contribuido a que las corporaciones colombianas creen oligopolios que limitan la competencia y perjudican a los consumidores.

Lastimosamente, este fenómeno se ha presentado en el sector cementero y la industria cervecera, pero por fortuna se ha ido mitigando en otros como en el sector bancario y el transporte aéreo.

El problema no es la acumulación de riqueza de unos, sino en qué podrían destinar esas riquezas para impactar poderosamente en un país que lo comparten con el resto de sus habitantes, así como sus indicadores de violencia, desempleo, pobreza y hasta sus mallas viales.

De nada sirve ser el rico de la cuadra si la pobreza también transita dentro de la ciudad, o si un emprendimiento desacelerado limita las actividades recreacionales y la oferta de servicios que se proveen, los ladrones también son compartidos.

No esperemos a los cambios generacionales dentro de las empresas para adquirir una consciencia social más categórica.

Ya existe una filosofía empresarial que inspira y que solo es cuestión de abrirle sus puertas.

El capitalismo consciente no solo nos estimula a participar de las buenas prácticas sostenibles, sino que redefine la Corporocracia y nos encuentra con nuestro propósito superior en vida.

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miércoles 16 de octubre, 2024

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