Cuatrienio de paz
Con la instalación del nuevo Congreso comenzó de facto el nuevo cuatrienio del presidente Santos, su posesión será un acto formal, en donde seguramente enfatizará sobre algunos temas que anunció el pasado 20 de julio.
Muchos hubiésemos preferido mayores cambios en los residentes de los despachos ministeriales, pero el Presidente ha venido ratificando a los titulares de las principales carteras.
Diríamos, un poco a manera de consolación, que lo importante es el cambio de talante, pero de inmediato surgen dudas, como la iniciativa presentada por el locuaz y ratificado Ministro de Defensa sobre la reforma al fuero militar, que más pareciese una de la bancada del Centro Democrático, y a la que la comunidad internacional le ha advertido riesgos en el sentido de permitir el traslado de los procesos judiciales de los llamados falsos positivos al conocimiento de la permisiva y desacreditada justicia penal militar; de otra parte, el eficientísimo Ministro de Hacienda persiste en la venta de Isagen, a pesar de que anualmente produce utilidades cercanas a $500.000 millones y cuando el Estado colombiano posee inversiones de mucha menor rentabilidad como las representadas en los bonos del tesoro americano, que bien podrían ser utilizadas en la modernización de nuestra infraestructura vial, sin necesidad de seguir desmantelando el Estado bajo la apolítica de la privatización a ultranza.
No obstante sigo creyendo que el presidente Santos está obligado a girar el timonel y hacer de este periodo el cuatrienio de la paz, que va mucho más allá de la firma de unos acuerdos con las guerrillas colombianas.
Será necesario emprender un proceso democrático que mejore sustancialmente las condiciones de vida del pueblo colombiano, la única manera eficaz de romper el inagotable círculo vicioso de nuestra atávica violencia.