Cuento corto como la vida misma

El cuento corto con enseñanza ha fascinado a nuestra especie desde su origen. A partir de entonces los padres solemos buscar en diversas fuentes para seguir contando historias con moralejas a nuestros críos antes de dormir; sin embargo, cuando son demasiado cortas -como la del dinosaurio- quedamos en deuda.

Con tal criterio de extensión hallé uno; un cuento cuya moraleja caló tal vez más en este narrador que en sus dos pequeñas escuchas. Y como este relator suele también escribir columnas, quiso –haciendo un esfuerzo de síntesis- traer su versión con la esperanza de que la moraleja os cale mejor que a él.

Cuenta la historia que un hombre caminaba por una colina cuando descubrió unas piedras blancas. Se acercó a ellas y vio que en cada una había algo escrito. En la una: “Aquí yace Juan que vivió tres años, dos meses y cinco días”. En la otra:

“Aquí yace Pedro que vivió cuatro años, siete meses y diez días”. Continuó leyendo así una tras otra hasta comprobar que en todas había inscripciones pero que en ninguna se hacía alusión a una vida superior a diez años. Triste concluyó que había descubierto un camposanto infantil.

De pronto vio a lo lejos a alguien acomodando una roca. Se acercó para preguntarle sobre tan extraño lugar. “No amigo -le respondió-.

Esto es un cementerio de adultos. Lo que sucede es que en este pueblo cuando sus habitantes cumplen quince años sus padres les obsequian una libreta para que apunten en ella todos sus momentos de plenitud: el primer beso, el primer amor, el compartir familiar, etc. Cuando mueren, en las piedras blancas escribimos el tiempo que aparece en la libreta, el tiempo que realmente vivió”.

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    martes 4 de marzo, 2014

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