Cuestión de pandebono (2)
El pandebono saciará otro gusto de los vallecaucanos. José Gerardo Atehortúa Cruz, en plena madurez intelectual, jubilado de su ejercicio jurista, tras cinco años de investigación, ayer lanzó su libro “La cuestión del pandebono”.
Sus páginas recién sacadas del horno editorial están impregnadas de la historia verdadera del amasijo de maíz, yuca y queso, que cada mañana acompaña nuestro café caliente.
El libro desvirtúa que era un bono con que los peones de un trapiche reclamaban un pan. Demuestra que no nació en una inexistente hacienda “Bono”.
Ni era el pan bueno otrora anunciado en las calles caleñas por un panadero italiano anónimo. Ni que era horneado por campesinos en una vereda camino a Dagua.
Al fin, saciaremos nuestro gusto gastronómico y con su libro aclararemos falsas versiones y entonces quedará tranquila nuestra triada: mente, corazón y estómago.
José Gerardo Atehortúa nos demuestra cómo en la historia, el pandebono fue un factor de integración indígena, afro, mestizo y campesino.
Adolfo León, su hermano, en el lanzamiento del libro trazó una jocosa analogía: “El pandebono es para un valluno, como las espinacas para Popeye”.
José Gerardo entiende que la historia no sólo es la que narra el pasado, la explica desde el presente investigando el origen del rico pandebono.
Aplica una metodología reconstructiva, plantea nuevos interrogantes que rompen convicciones, acude a la literatura y las crónicas.
Reivindica a Salomé y Candelaria y demuestra que el pandebono es originario de Buga, antes de 1860. Buscó pistas en “María” (1867), de Jorge Isaacs, y en “Impresiones y recuerdos” (1898), de Luciano Rivera y Garrido. Leamos su libro, acompañados con café y pandebono.