Darío de Jesús Monsalve

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Es natural que una noticia sobre la supuesta renuncia del arzobispo Darío de Jesús Monsalve, produzca pesar entre los católicos y, a la par, complacencia en sus detractores. Afortunadamente, aclarando las suspicacias, pronto se informó que la petición que le hizo al Papa Francisco fue sobre el nombramiento de un obispo coadjutor para el empalme del arzobispado mientras cumplía su edad de jubilación. Es erróneo que sus insatisfechos oponentes señalen a monseñor Darío de Jesús Monsalve de profesar posiciones partidistas, cuando en sus mensajes arzobispales lo que predica es el amor, la verdad, la justicia, la equidad y la paz, fundamentado con la historia de Cristo y los textos de las Sagradas Escrituras. Claro que no es la primera vez que fastidie un sacerdote, un arzobispo y hasta el Papa, por mensajes que trasciendan más allá de predicar la resignación. Recordemos que fueron perseguidos: Manuel Alzate Restrepo, Gerardo Valencia Cano, Daniel Guillard, Álvaro Ulcue Chucue y Isaías Duarte Cancino, entre otros. Recuerdo que en otrora las castas solicitaron a la jerarquía la suspensión del padre Alfonso Hurtado Galvis de continuar predicando el sermón de las siete palabras en la Catedral porque conducía sus explicaciones con enfoques sociales. Fueron tiempos en que los sermones tenían que ser moderados y acordes a una iglesia tradicional. Se iniciaba la exclusión que ahora quieren perpetuar, ocultando la historia de su fundador. Al imperio romano no le preocupó que Cristo hiciese milagros y viniese a salvar almas. Cristo fue llevado a juicio, acusado de incitar las masas, de oponerse a los impuestos, y finalmente, fue condenado cuando temieron que se proclamaría el nuevo rey que seguirían las multitudes. Pero si revisamos la evolución de las ideas filosóficas y la historia de las estructuras de poder, hallaremos que el pensamiento humano es dinámico, acorde a los desarrollos sociales. Entonces, ¿por qué pretender que la misión de la iglesia se quede atrás, estancada y ajena de lo social, aceptando como su única función la salvación de almas? Cristo, su fundador, trazó la ruta ante las injusticias. El Imperio romano, cumplida la crucifixión de Cristo, pretendiendo erradicar la continuidad de sus enseñanzas, también persiguió a los apóstoles. Finalmente, el imperio decidió oficializar la religión cristiana para darle una orientación diferente y controlable. Eso explica su historia en los siglos siguientes de la Edad Media, con una Iglesia aliada del poder, inclusive involucrada en crímenes de la inquisición. Cuando la historia mundial empezó a transformarse, desde el siglo XVIII, ese destino también fue seguido por los prelados y los jerarcas del clero, quienes publicaron las encíclicas papales, los documentos conciliares del Vaticano y las conferencias episcopales, todas derivados de reuniones que hacían interpretaciones más cercanas a la historia terrenal de los hombres. Los detractores permanecen tranquilos y sin molestia, mientras la Doctrina Social de la Iglesia quede engavetada. A Juan XXIII lo tildaron de Papa comunista por sus encíclicas contra las injusticias económicas, sociales y promotoras de la paz mundial. Actualmente, Francisco, tampoco escapa de señalamientos de Papa peronista. En 1968, dijeron que la Segunda Conferencia Episcopal Latinoamericana, realizada en Medellín, estuvo influenciada por las izquierdas continentales. A los detractores sólo les sirve una iglesia que se alíe con el poder, que apenas predique la resignación y que convenza a los fieles de que deban aguardar la felicidad del reino celestial. Por eso les choca que Darío de Jesús Monsalve se pronuncie ante el derroche burocrático, la cruel realidad de violencia, la persecución de líderes sociales, el desbarajuste económico y la ausencia de una política estructural de paz.

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jueves 17 de febrero, 2022

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