De embustes y embauques
Se volvió costumbre en esta segunda década del siglo 21 que el éxito esté asociados al embuste y al embauque.
El engaño viene en todas las medidas, desde las llamadas mentiras piadosas, hasta los fraudes elaborados con artificios como los tecnicismos, el lenguaje culto y el perfecto manejo de medios y redes sociales.
Alarmas como las suscitadas en Cali en torno a eventos apocalípticos, hasta los inescrupulosos llamados a marchar en contra de la corrupción hechos por personajes, como el célebre pastor Arrázola o el ex procurador engatusan hasta a ciudadanos de alto racionamiento. Claro, habilidades como, la locuacidad aunadas al carisma son el escudo de un buen embustero al punto que las mentiras se vuelven realidad y el pasado turbulento del embaucador es perdonado y olvidado por toda la comunidad.
Así encontramos discursos amañados, noticias distorsionadas, falsas convocatorias morales con ocultos fines políticos y hasta marchas por la decencia invocadas por personajes indignos como alias “Popeye”.
Hay otros ejemplos como el discurso sectario del ministro de Minas, quien desconoce los derechos del constituyente primario, a unísono con algunos abogados quienes amparan la minería a gran escala. Coyuntura que debe abordarse con ecuanimidad y minuciosidad por las implicaciones sobre el hábitat humano versus la garantía jurídica de la inversión extranjera.
Así mismo, está el discurso anticorrupción de la senadora López, quien parece no estar dispuesta a evaluarse o a sus compañeros de partido. O también el arrogante ministro de Hacienda, quien siempre vinculado a investigaciones sale inmune, y con sus acciones y discursos embusteros justifica administrar a espaldas de la realidad colombiana.