De la estupidez líbranos, señor
La economía se basa en el comportamiento humano y lo investiga igual que la psicología. Conductas “malsanas” –para la moral- explican el orden del capitalismo: egoísmo y ambición son ejemplos. En psicología las parafilias tienen fines parecidos… pero eso es entrarnos al closet.
Carlo Cipolla, un economista italiano, investigó la estupidez como característica humana y la encontró fundamental para comprender la sociedad. Según él, los individuos se dividen en incautos, inteligentes, malvados y estúpidos: si Pepito ejecuta una acción que tiene pérdidas para otra persona pero le trae beneficios a un Juanito, Pepito es un incauto. Si Pepito hace algo que lo beneficia a él y también a Juanito, entonces es inteligente.
Por el contrario, si las acciones de Pepito traen beneficios sólo para él y Juanito sufre las consecuencias, Pepito es malvado. Pero si Pepito hace que todos pierdan con sus acciones, incluso hasta él mismo, Pepito es un soberano estúpido.
A la luz de lo anterior, los estúpidos siempre serán más peligrosos que los malvados, porque destruyen valor.
Los malvados hacen que el valor pase de unas manos a otras en un juego de suma cero para la sociedad, pero los estúpidos –cuyo comportamiento es imprevisible debido a que carecen de estructura racional- acaban con todo. Cuando un estúpido entra en escena, las empresas se cierran, la sociedad empobrece y la riqueza de las naciones se destruye.
En palabras de Cipolla: “la historia ha demostrado que las civilizaciones progresan cuando hay personas inteligentes en el poder que mantiene a los estúpidos a raya y no les permiten destruir lo que los inteligentes han construido.”