De prohibiciones a celebraciones
Es el año más conmemorativo de celebraciones de natalicio y muerte de escritores, y el centenario de reconocidas obras literarias.
Este año en Colombia se juntan: ciento diez años del natalicio de Julio Cortázar y el cuadragésimo de “Rayuela”, el décimo del fallecimiento de Gabriel García Márquez, el primer siglo de la muerte de Franz Kafka y un centenario de “La Vorágine” de José Eustasio Rivera. Celebraciones que en el pasado fueron prohibiciones.
El 2024 es declarado como el Año de “La Vorágine”. Celebraciones que están permeadas por la cultura líquida, veamos por ejemplo, cómo el décimo aniversario de Gabo, quedó reducido a contados titulares de prensa que lo mediatizan con el lanzamiento de una novela supuestamente inédita, “En agosto nos vemos”, que no nos convenció a muchos.
En el caso de “La Vorágine”, mi experiencia personal coincide con la de la profesora Hilda Soledad Pachón Farías; somos contemporáneos y con inquietudes similares.
“Al parecer los maestros –dice Hilda Soledad- no dejaron que La Vorágine llegase a nuestras manos. Podía ser pernicioso para los adolescentes. Para aproximarnos a Rivera, debíamos recitar sus sonetos con monótona cantinela y memorizar una biografía de seis líneas. Lo nombrábamos con una frase de cajón: cantor del trópico y de la selva”.
Que no vaya a ocurrir con él algo parecido a lo que hicieron con Gabo. Debemos reivindicar y convocar una gran celebración con la obra que se censuró y fuera prohibida por más de medio siglo.
¡Que La Vorágine se levante como un ave fénix, ahora cuando cobra mayor vigencia: tráfico de personas, violencia, exterminio étnico, saqueo y destrucción de la selva amazónica!