Definitivamente No
Esta será respuesta de algunos sectores que jamás estuvieron interesados en mejorar los acuerdos pactados en La Habana, sus agendas nada tienen que ver con la posibilidad de que Colombia supere la guerra, su radar está puesto en las elecciones entrantes y en sus cuentas y cálculos no les preocupan los ocho millones de víctimas ni los cientos de miles de muertos de este medio siglo de guerra, no, sus guarismos se afinan para establecer cuántos votos les prodigará el eternizar una guerra que ha facilitado el despojo, el delito, la impunidad y los privilegios para una élite violenta, feudal y homicida.
Frente a semejante realidad, se debe tomar la decisión sin vacilación de adelantar el proceso de implementación del nuevo acuerdo a partir de un ejercicio legislativo expedito que traduzca normativamente lo pactado, la refrendación es todo el proceso de discusión dado a los acuerdos tanto en su etapa inicial, como en la pos plebiscitaria que dio lugar a una revisión sustancial del documento de 297 páginas, para continuar en el Congreso de la República, que representa por antonomasia, la democracia formal colombiana.
No caigamos en el juego de quienes quieren dilatar hasta el infinito o, mejor, hasta las elecciones entrantes, la posibilidad de sellar una paz estable y definitiva.
El Gobierno tendrá que ponderar entre el valor del respaldo que le ofrecerá la nación entera, si se decide a seguir adelante en esta apuesta de paz ineluctable, y el estado de vacilación e incertidumbre que pretenden imponernos quienes quieren reeditar el capítulo de la patria boba; éste intransigente sector no sobrevivirá a la fuerza democrática de la paz.